En la primavera de 1857 una flamante y dichosa familia imperial salía de Viena para iniciar un viaje de estado por el reino de Hungría. El emperador Francisco José I iba acompañado de su esposa, la flamante Sissí y sus dos hijas, Sofía y Gisela. Nada hacía presagiar que aquel tour diplomático terminaría convirtiéndose en uno de los episodios más trágicos en la historia de los Habsburgo.
La llegada al mundo de Sofía Federica de Austria el 5 de marzo de 1855 llenó de alegría a la familia real, aunque en el fondo todos esperaban que naciera un príncipe heredero. La primogénita recibió el título de archiduquesa. Sissí estaba a punto de cumplir los 18 años así que el nacimiento confirmó que la emperatriz podría llegar a tener más hijos en el futuro.
La pequeña fue bautizada con los nombres de Sofía Federica Dorotea María Josefa, al parecer por expreso deseo de Sofía de Baviera, tía y suegra de Sissí, a la que no le habría consultado la elección. Un año después nacía Gisela y las dos niñas fueron puestas bajo la tutela de la abuela, pues esta consideraba que Sissí era demasiado joven e inexperta para hacerse cargo de las pequeñas. Además, según Sofía, la emperatriz debía centrarse en su papel de esposa del emperador.
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Quizás esa pugna constante que tenían nuera y suegra fue lo que hizo que Sissí tomara la decisión de alejar a las niñas de su abuela cuando se proyectó el viaje a Hungría. Algo que muchos consideraron poco adecuado para las pequeñas. La emperatriz consiguió convencer a Francisco José y los cuatro se instalaron en Budapest. Como ya le habían advertido, Sofía y Gisela cayeron enfermas a causa del viaje. Gisela se recuperó, pero Sofía no. El 29 de mayo de 1857, con tan solo dos años y dos meses de edad, fallecía en brazos de su madre. La deshidratación provocada por la diarrea y las fiebres altas fueron la causa de su muerte.
Devastada, la emperatriz, su marido y su hija Gisela regresaron a Viena con el cuerpo sin vida de Sofía que sería enterrada en la Cripta Imperial.
Aquel fue el primer golpe trágico en la vida de la emperatriz que la acompañaría el resto de su vida. Su suegra consideró que Sissí era la responsable indirecta de la muerte de su nieta y eso creó un vacío aún más grande entre ambas mujeres.



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