Era mujer y quería ser misionera. Era frágil y quería enfrentarse a los gigantes de la injusticia. Ni su condición femenina ni sus limitaciones físicas impidieron que Francesca Saverio o Francisca Javiera Cabrini se convirtiera en un pilar para los italianos que vivían en condiciones lamentables en una próspera Nueva York decimonónica. Su incansable, e impagable labor, la convirtió en la santa de todos los inmigrantes. Francesca Saverio Cabrini nacía en la localidad italiana de Sant' Angelo Lodigiano el 15 de julio de 1850. Fue la última de los diez hijos que dio a luz su madre, Stella Oldini (solamente sobrevivieron la mitad). Criada en una familia católica de sencillos agricultores, la pequeña Francisca adoleció siempre de una delicada salud puesto que había nacido prematuramente con tan solo siete meses. Desde niña se sintió atraída por la oración y escuchó atentamente la palabra de Dios de personas como su propio tío, un sacerdote llamado Don Luigi Oldini. Era...