Un día de septiembre de 1599, en los alrededores del imponente castillo de Sant’Angelo en Roma se agolpaba una turba de gente ansiosa por ver uno de los espectáculos más terribles y a los que muchos estaban acostumbrados. Un patíbulo y un puñado de reos. En esta ocasión, los que iban a perder la vida eran todos miembros de una misma familia cuyo delito había sido deshacerse del patriarca, un hombre infame y cruel. Pero los Cenci se había tomado la justicia por su mano y lo habían hecho sin pensar que la todopoderosa autoridad papal no iba a pasar por alto la desaparición de un hombre afín al papado. Francesco Cenci era uno de los hombres más ricos y poderosos de Roma. También uno de los más depravados. Violento y despiadado, compraba el perdón, pero sobre todo el silencio, del entonces papa Clemente VIII con importantes sumas de dinero. Quienes mejor sabían cómo se las gastaba el noble Francesco era su propia familia. Sus hijos, Beatrice, Giacomo, Bernardo y el jo...
La elegancia y sutileza, el decoro y las buenas maneras que se esperaba de las damas en el siglo XIX no estaba reñido con la sensualidad. O al menos eso fue lo que debió pensar una célebre miniaturista enamorada de un importante político al que decidió regalar un retrato suyo. Pero no de su rostro, sino de sus pechos. Al parecer, la relación entre ambos nunca fructificó. Pero él guardó como un tesoro la caja donde se custodiaba su peculiar retrato. Sarah Goodridge nacía el 5 de febrero de 1788 en Templeton, Massachusetts en el seno de una familia numerosa. De niña se entretenía dibujando y aprendiendo de manera autodidacta los rudimentos del arte. En 1820, se fue a vivir a Boston con una de sus hermanas, Elizabeth Goodridge, quien también tenía pasión por la pintura. Sarah empezó a recibir clases del miniaturista Elkanah Tisdale y a pintar retratos en miniatura que no tardaron en hacer las delicias de la clase acomodada de Boston. Encargos que le permitieron a ser independie...