Muchas fueron las princesas e infantas que viajaron a lo largo y ancho del Viejo Continente para establecer lazos dinásticos entre distintos reinos e imperios. Los Habsburgos, divididos en la rama española y la vienesa tras la abdicación de Carlos V, se mantuvieron siempre unidos gracias a estas bodas entre sus miembros. Estas mujeres no fueron simplemente consortes, muchas de ellas tuvieron un papel determinante no solo como piezas del amplio tablero político europeo. Muchas ejercieron un poder indispensable en la sombra, no siempre reconocido. Un gran ejemplo de ello fue una de las hijas de Felipe III que llegó a Viena y fue mucho más que emperatriz consorte. María Ana de Austria nació el 18 de agosto de 1606 en el monasterio de El Escorial. Era la cuarta hija de los ocho vástagos que Felipe III tendría con su esposa, Margarita de Austria-Estiria . Su destino ya estaba marcado desde la cuna, formar parte del denso entramado de alianzas matrimoniales de los Austria en Europ...