La fotógrafa independiente, Frances Benjamin Johnston (1864-1952)


Autorretrado de Frances Benjamin Johnston como la "Nueva Mujer". Librería del Congreso de los Estados Unidos. Wikimedia Commons

Cosas tan insignificantes como un regalo pueden cambiar el destino de algunas personas. Eso fue lo que le sucedió a esta mujer de espíritu inquieto cuando George Eastman le obsequió con una de las primeras cámaras fotográficas de la historia. Por aquel entonces no eran como nuestros artilugios modernos con filtros y sencillos y rápidos procedimientos. Cada disparo requería método y paciencia. Frances tenía estas y muchas otras virtudes. Por eso terminó convirtiéndose en una de las primeras fotoreporteras de la historia. Personajes ilustres, acontecimientos históricos, reliquias arquitectónicas, jardines, Frances Benjamin Johnston se atrevió con todo para demostrar que la fotografía podía ser una salida perfecta para las mujeres de su tiempo que deseaban ser independientes y huir del modelo social establecido para ellas. La cámara se convirtió en su compañera incansable e hizo de ella su modo de vida.

Frances Benjamin Johnston nació el 15 de enero de 1864 en la localidad estadounidense de Grafton pero su infancia transcurrió en la capital, en Washington D.C., donde su madre, la periodista Frances Antoinette Benjamin escribía para el Baltimore Sun mientras que su padre trabajaba para el gobierno. Ni que decir tiene que Frances tuvo la suerte de nacer en el seno de una familia acomodada y bien relacionada, algo que sabría aprovechar en el futuro. Ella fue la única de los cuatro hijos de la pareja que sobrevivió.

En 1883, se graduaba en el instituto femenino Notre Dame Convent, Collegiate Institute for Young Ladies en Maryland. Ese mismo año, emprendió su personal aventura por el Viejo Continente. Algo habitual en los jóvenes de la alta sociedad norteamericana, que antes de abrazar el tradicional espacio del matrimonio, se iban a conquistar Europa. Frances se conformó con París. Y por supuesto, a su regreso, su vida no iba a seguir los dictámenes de la tradición.
Con su ejemplo y sus escritos, Frances Benjamin Johnston no solo fue una pionera en el mundo de la fotografía y el fotoperiodismo sino que ayudó a muchas otras mujeres a seguir sus mismos pasos. 
En la ciudad de las luces, en plena ebullición artística de finales del XIX, Frances acudió a una de las pocas escuelas en las que les estaba permitido el acceso a las mujeres que deseaban ser artistas. La Acedémie Julian le ofreció la posibilidad de aprender dibujo y pintura, disciplinas que continuó perfeccionando a su vuelta en los Estados Unidos en la Art Student's League.

Por aquel entonces, Frances ya había tomado la valiente determinación de no casarse y vivir una vida independiente. Quería que su arte fuera su modo de subsistir y la razón de su existencia. Los primeros pasos los dio como ilustradora pero supo aprovechar los nuevos aires de la modernidad y se subió al tren de la fotografía en un momento en el que los rotativos empezaron a experimentar con esta nueva técnica y poco a poco fueron abandonando la ilustración como apoyo gráfico a noticias y artículos.

Frances mostrando su cámara a unas niñas.
Foto: kodakery.com/2012/11/30/frances-benjamin-johnston-what-a-woman-can-do-with-a-camera/


Frances supo aprovechar las amistades de la familia y cuando ya estaba decidida a dedicarse a la fotografía pidió consejo nada menos que al fundador de la Eastman Kodak. George Eastman le regaló entonces la primera cámara Kodak que se empezaba a comercializar. Con ella y los consejos de Thomas Smilie, director de fotografía del Smithsonian, Frances inició la que sería una brillante carrera.

En 1892 publicaba un reportaje titulado Mammoth Cave by Flashlight, un reportaje que la consagraría como fotógrafa y sería uno de los muchos éxitos que cosecharía en el futuro. Tres años después, abrió su estudio de fotografía en Washington D.C. desde el que empezó a fotografiar a personajes ilustres de su tiempo. Grandes nombres como Mark Twain, Graham Bell o la feminista Susan B. Anthony sucumbieron a la magia de su cámara. Pero fueron los inquilinos de la Casa Blanca los que, durante el mandato de cinco presidentes, se convirtieron en sus exclusivos modelos.

Frances Benjamin Johnston se había convertido en una fotógrafa de la alta sociedad en los Estados Unidos, conocida incluso como la "fotógrafa de la corte americana", pero no se olvidó de su esencia bohemia. Como si fueran las dos caras de una misma moneda, después de fotografiar a personalidades como Alice Roosevelt el día de su boda, se sumergía en la vida bohemia y disfrutaba experimentando con la fotografía como medio para transgredir las normas. Así, en 1896 hacía el que fuera posiblemente su autorretrato más famoso en el que la jarra de cerveza o el cigarillo no escandalizaron tanto como sus enaguas. No contenta con el revuelo que causó su "Nueva mujer", poco después se fotografió como su fuera un caballero con su biciclo.

Foto: Wikimedia Commons

En 1897 escribió su famoso artículo Lo que una mujer puede hacer con una cámara en el Ladies Home Journal. Un texto en el animaba a las mujeres a hacer de la fotografía un modo de vida y una vía para la emancipación y la independencia económica. Algo realmente extraordinario en un momento en el que solamente un puñado de soñadoras se había embarcado en la misma aventura que Frances. En su artículo, Frances hablaba de la oferta y la demanda, de la necesidad de observar el mercado para hacer rentable un negocio como el suyo:  "La mujer que contempla abrir un negocio de fotografía debe primero realizar una cuidadosa encuesta de "sus" circunstancias y entornos individuales, con la vista puesta en las necesidades fotográficas de su entorno inmediato". Porque Frances creía que este era un ámbito en el que las mujeres podían encajar perfectamente, pero solo si se lo tomaban con gran profesionalidad:
"La fotografía como profesión debería atraer especialmente a las mujeres, y en ella hay grandes oportunidades para un negocio bien remunerado, pero solo en condiciones muy bien definidas".
Para ello, ayudaba a las futuras fotógrafas con una serie de pautas y consejos prácticos para montar un estudio efectivo, apuntaba los modelos más efectivos de cámaras, explicaba cómo debía ser un cuarto oscuro, cómo obtener un buen material... un texto, en definitiva, en el que compartía su propia experiencia en beneficio de otras futuras fotógrafas.  En un mundo en el que a las mujeres solamente se les enseñaba a ser madres y esposas, este pequeño manual fue una tímida pero valiosísima ventana a nuevas oportunidades. Los años siguientes, continuó animando a las mujeres a que se dedicaran a la fotografía con otros artículos y conferencias.

En 1899 realizó una de sus series fotográficas más famosas en la que inmortalizó la vida del Hampton Normal and Agricultural Institute de Hampton, el primer centro en el que estudiaban afroamericanos y nativos americanos. Un año después, convertida ya en una reputada fotógrafa, Frances triunfó en la Exposición Universal de París donde además de elogios recibió una medalla y el Gran Premio de la muestra.
Frances Benjamin Johnston recorrió infinidad de países como fotoreportera, inmortalizando acontecimientos históricos y convirtiendo en arte todo lo que captara el objetivo de su cámara.
En 1913 abrió un estudio de fotografía en Nueva York junto a su compañera y también fotógrafa Marrie Edwards Hewitt, con la que trabajó y convivió durante cuatro años. La obra fotográfica de Frances abarcó muchas facetas. En aquella época empezó a fijarse en edificios históricos, sus jardines, los interiores y las estructuras arquitectónicas, a veces en condiciones lamentables, y decidió salvarlas para la eternidad gracias a su cámara. Durante los siguientes años, viajó por los Estados Unidos fotografiando edificios hasta llegar a acumular miles de negativos que con el tiempo se convertirían en valiosas fuentes documentales para el mundo de la arquitectura en particular y la historia norteamericana en general. No es extraño que el America Institute of Architects la honrara nombrándola una de sus miembros.

Los últimos años de su vida dejó de viajar pero aún daba conferencias y publicó varios libros para seguir siendo un referente único para las nuevas generaciones. Núnez y Oliva definen a Frances como "una mujer de carácter, con una fuerte personalidad, osada y audaz además de poseer un gran talento como fotógrafa". Un talento que fue su billete hacia la emancipación y que compartió con el resto de las mujeres a las que demostró con su propio ejemplo que era posible ser artista y vivir del arte.

Frances Benjamin Johnston falleció el 16 de mayo de 1952.

 Bibliografía y referencias 

Sinrazones del olvido. Escritoras y fotógrafas de los siglos XIX y XX, Isabel Núñez y Lydia Oliva
The woman's eye, Anne Tucker
www.cliohistory.org/exhibits/johnston/whatawomancando
kodakery.com/2012/11/30/frances-benjamin-johnston-what-a-woman-can-do-with-a-camera/

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