Margaret Oakley fue una de esas mentes maravillosas que puso al servicio de la ciencia su pasión. Pionera en el ámbito de la bioinformática, su condición de mujer despertó ciertos recelos en algunos colegas. Madre de dos hijas, que fueron igualmente brillantes, no lo tuvo fácil cuando se reincorporó a la vida profesional. A pesar de las dificultades, no solo se posicionó como una de las mejores físicoquímicas de la historia, sino que luchó porque otras mujeres pudieran alcanzar sus sueños en el ámbito de la ciencia.
Margaret Oakley Dayhoff nacía el 11 de marzo de 1925 en Filadelfia aunque con diez años, su familia se trasladó a vivir a Nueva York. Alumna ejemplar, tras graduarse en el instituto, obtuvo una beca para estudiar matemáticas en la Universidad de Nueva York en la que obtuvo el título magna cum laude. Poco después inició sus estudios de doctorado en química cuántica en la Universidad de Columbia. En sus investigaciones, Margaret hizo uso de la informática para procesar datos de manera masiva. Para ello, utilizó tarjetas perforadas que calculaban las energías de resonancia de varias moléculas orgánicas policíclicas. El resultado fue tan espectacular, que obtuvo una beca del Watson Computing Laboratory que le permitiría seguir investigando y hacerlo utilizando procesadores de datos de última generación de la empresa IBM.
En 1948, una vez terminado el doctorado, ingresó en el Instituto Rockefeller para especializarse en electroquímica donde permaneció hasta 1951. Un año después se trasladaba a la Universidad de Maryland donde había conseguido una beca para seguir investigando y lo hizo utilizando computadoras de alta velocidad.
En 1960 asumió el cargo de Directora Asociada de la Fundación Nacional de Investigación Biomédica donde siguió profundizando en las posibilidades de unir la biomedicina y la informática. Junto al dentista Robert Ledley, publicó en 1962 uno de los primeros estudios de computación biomédica. Bajo el título COMPROTEIN: un programa de computadora para ayudar determinación de la estructura proponían un "programa informático completo para el IBM 7090" que tenía como objetivo convertir resúmenes de péptidos en datos de cadenas de proteínas.
Los siguientes años, Margaret continuó estudiando e investigando con otros científicos de la talla de Carl Sagan. Durante más de una década ejerció como maestra en el Centro Médico de la Universidad de Georgetown y en 1980 fue elegida consejera de la Sociedad Internacional para el Estudio de los Orígenes de la Vida. Sus aportaciones fueron clave para unir la informática y la biomedicina, que culminaron en la publicación de un Atlas de la secuencia y la estructura de la proteínas y que serviría como base para la creación de la primera base de datos en línea de secuencias de proteínas. A pesar del éxito del Atlas, Margaret recibió críticas y rechazo de algunos científicos. Como presidenta de la Sociedad Biofísica, trabajó para mejorar la incorporación de las mujeres a las carreras científicas.
Casada con el físico Edward S. Dayhoff, tuvo dos hijas, Ruth y Judith, que seguirían los pasos de sus padres. A los 57 años, un ataque al corazón terminaba con su vida, el 5 de febrero de 1983. Un año después se creaba un premio para mujeres científicas que llevaría su nombre y se convertiría en uno de los reconocimientos más importantes del mundo de la biofísica.

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