viernes, 11 de marzo de 2011

La sonrisa borrada, Romy Schneider (1938-1982)

Romy Schneider fue una actriz de bella sonrisa y rostro resplandeciente. Rodó cincuenta películas y recibió varios premios. Pero su fallida vida amorosa y la trágica desaparición de su hijo hicieron de la alegre y bella Romy una sombra de ella misma.

Familia de artistas
Rosemarie Magdalena Albach nació el 23 de septiembre de 1938 en Viena en el seno de una importante familia de actores. Su padre, Wolf Albach-Rhetty, era actor de teatro y su madre, Magda Schneider era una conocida actriz con la que Romy actuó en varias ocasiones.

La infancia de Romy no fue muy feliz pues sus padres se separaron al poco tiempo de nacer su hermano. Después de la desaparición de su padre, quien abandonó a la familia para vivir con una actriz alemana, Romy fue internada en un colegio de monjas en el que estuvo cinco largos años.

Madre e hija en la realidad y la ficción
Cuando Romy regresó con su madre, Magda estaba a punto de empezar a rodar Lilas Blancas. Su director, Kurt Ulrich, ofreció a Romy interpretar a la hija de Magda en la ficción. Sería la primera incursión de la joven actriz en la pantalla y la primera vez que trabajaría junto a su madre. El papel de madre e hija se adaptaba tan bien a Magda y Romy que repitieron en otras ocasiones como en su gran interpretación de Sissí y su madre Ludovica de Baviera.




Carrera meteórica
Tras Lilas Blancas, empezaron a llover ofertas a Romy de todas partes; ofertas que su madre se encargaba de estudiar y seleccionar. Muchas de las cintas eran de estilo romántico, papeles que Romy encarnaba a la perfección.

La emperatriz del cine
El director alemán Ernst Marischka escogió a Romy para interpretar a la reina Victoria de Inglaterra en Los jovenes años de una reina película en la que Magda Schneider hacía el papel de ayudante de la reina. A partir de ahí, Ernst vio en Romy el rostro perfecto para encarnar a la realeza europea. Nacía el mito cinematográfico de Sissí. Sissí, Sissí Emperatriz y El destino de Sissí fueron tres cintas inolvidables que encumbraron a Romy como una gran actriz.

A pesar de la fama que le dieron estas cintas que rodó en varios momentos de su vida, algunas incluso con reticencias, Romy protagonizó otras películas de temáticas totalmente distintas y con actores y directores de la talla de Alain Delon, Jack Lemmon, Woody Allen u Orson Welles.




Amores desdichados
La vida amorosa de Romy Schneider fue un cúmulo de fracasos y decepciones. Su primer y posiblemente gran amor fue el actor francés Alain Delon al que conoció en 1958 y con quien compartió cartel por primera vez en Amoríos. Después de un apasionado romance que provocó el distanciamiento entre Romy y su madre, quien no aprovaba la relación, Delon dejó a Romy sin demasiadas explicaciones. A pesar de la ruptura, Romy y Alain coincidieron en varias películas. Tras la trágica muerte de Romy, el actor francés reconoció que ella había sido el amor de su vida.

En 1968 se casó con el actor y director de teatro, Harry Meyen. Sus constantes dolores de cabeza y su afición a la bebida fueron nefastos para la relación de la pareja. La única felicidad que Harry dio a Romy fue el nacimiento de su hijo David Christopher. Poco tiempo después de separarse, Harry se suicidaba dejando a Romy totalmente consternada.



Por aquel entonces se había vuelto a casar con otro actor, Daniel Biasini, con el que tuvo a su segundo hijo, una niña llamada Sarah Magdalena. Su segundo matrimonio tampoco funcionó. Un joven productor, Laurent Petin, intentó consolar a Romy quien empezaba a sufrir terribles insomnios y se estaba aficionando demasiado al alcohol.

Tragedia final
Romy no podía imaginar que la tristeza iba a llegar a límites insoportables. Su joven hijo de 14 años moría trágicamente al intentar trepar la reja de su casa. Aunque Romy tuvo fuerzas para terminar su última película Testimonio de mujer que pidió que dedicaran a su hijo David y su padre, Romy no volvería a sonreir en el escenario.




Tenía 43 años cuando fue encontrada muerta en su apartamento de París, el 29 de mayo de 1982. Nunca se supo si murió por una crisis cardiaca o se suicidó. Lo que está claro es que el alcohol, el tabaco, los barbitúricos y la soledad fueron sus últimos compañeros de viaje.

Romy Schneider fue enterrada en el cementerio Boissy-sans-Avoir a pocos kilómetros de su amada París.

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