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El destino en contra, Isabela Jagellón (1519-1559)

 En la turbulenta Europa del siglo XVI, reinos, imperios, nobles y reyes, cristianos e infieles, se disputaron el poder y la gloria. Hungría era un territorio que durante años se mantuvo en llamas pues mientras los turcos amenazaban por el este, sus propios soberanos batallaban entre ellos para conseguir la preciada corona de San Esteban. Uno de esos aspirantes, Juan Segismundo, soñó toda su vida con ser rey de los húngaros y lo hizo auspiciado por su propia madre. 

Isabela Jagellón nacía el 18 de enero de 1519 en la corte de Cracovia. Su padre, el rey Segismundo I Jagellón, se había casado con la princesa Bona Sforza de Milán un año antes. Isabela fue la primogénita. Tras ella, nacerían cinco hermanos más con los que creció compartiendo juegos y una exquisita educación humanista. 

El 22 de febrero de 1539 se casaba con Juan de Zápolya. Juan era un noble húngaro que, tras la batalla de Mohács donde había fallecido el rey húngaro Juan II sin descendencia, se había autoproclamado rey de Hungría provocando una crisis dinástica, pues fue el emperador Fernando I, casado con Ana Jagellón, hermana del difunto rey, quien reclamó el trono. El matrimonio de Isabela con Juan duró apenas un año. Poco antes de morir, el 17 de julio de 1540, daba a luz a su único hijo, Juan Segismundo, y su marido le hacía prometer que defendería los derechos del niño a la corona húngara. 

El resto de su vida, Isabella se enfrentó a los turcos y al emperador Fernando I intentando mantener los derechos dinásticos de su hijo. Sin embargo, solamente consiguió que Juan Segismundo fuera reconocido como príncipe de Transilvania. 

Isabella Jagellón fallecía el 5 de septiembre de 1559 tras sufrir una larga enfermedad. Resignada y derrotada, sin poder ver a su hijo coronado rey de Hungría, cuentan las crónicas que Isabel grabó en un tronco de un roble "SFV - Sic fata volunt", "El destino lo quiso así", un lema personal que también mandaría grabar en joyas y monedas. 

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