La artista sin obra, Irene di Spilimbergo (1538-1559)

El Renacimiento italiano fue uno de los momentos más espléndidos y creativos de la historia del arte. Pintores, escultores, arquitectos, poetas, eruditos, embellecieron todas las cortes italianas con su genio. Pero la gran mayoría fueron hombres. Porque aquellos que hicieron renacer la cultura clásica fueron incapaces de romper con las estructuras patriarcales y continuaron defendiendo un modelo de sociedad en el que las mujeres no tenían otro lugar que el monasterio o el hogar. Así que durante el Renacimiento son escasos los nombres propios de mujeres artistas. Algunas simplemente son eso, nombres.

Este es el caso de Irene di Spilimbergo, pintora, poetisa y virtuosa de la música de quien conocemos su existencia por una recopilación poética de Dionigi Atanagi y el retrato que de ella se hizo en el taller de Tiziano. Irene había nacido el 17 de octubre de 1538, en la localidad de Spilimbergo, situada en la región italiana de Friuli. Su padre, Adriano di Spilimbergo, era miembro de la nobleza local y su madre, Giulia, procedía de una influyente familia veneciana. Cuando Irene tenía tres años, falleció su padre pero ella, su madre y sus tres hermanos, continuaron viviendo en el castillo familiar. Hasta que su madre volvió a casarse, cuando Irene tenía alrededor de quince años, y ella y su hermana mayor se trasladaron a vivir a Venecia bajo la protección de su abuelo materno, Zuan Paolo da Ponte.

Como miembro de la nobleza, se esperaba de Irene que se convirtiera en una joven educada que dedicaba su tiempo a coser y bordar. Pero cuando su abuelo se dio cuenta del potencial de su nieta, decidió supervisar su educación y ofrecerle la posibilidad de estudiar música con reconocidos compositores venecianos. Pronto empezó a tocar el laúd entre otros instrumentos de cuerda y a perfeccionar su técnica vocal. Irene leía a los clásicos y continuaba interpretando piezas musicales cuando descubrió su verdadera vocación. Fue gracias a un lienzo que contempló un día de la pintora Sofonisba Anguissola. Dispuesta a convertirse en pintora ella también, Irene consiguió entrar como alumna en el taller de Tiziano donde llegó a pintar al menos tres lienzos, hoy perdidos.

El arte de Irene di Spilimbergo que desarrolló a través de la música, la poesía y la pintura no pudo ser juzgado por generaciones futuras, porque nada de su obra se ha conservado. Además, tuvo una vida breve que le impidió afianzar su nombre en el mundo del arte como sí pudo conseguir aquella a la que admiró y a quien quiso imitar. Irene falleció a los veintiún años, el 15 de diciembre de 1559 después de enfermar repentinamente.

Poco tiempo después, el escritor y editor italiano Dionigi Atanagi publicó Vita di Irene da Spilimbergo, una antología de más de trescientos poemas en italiano y latín escritos por autores anónimos y otros de reputada fama, en los que evocaron la excelencia de esta dama de la que sabemos lo que sabemos gracias a la biografía que de ella escribió el propio Atanagi como introducción a su obra.

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