sábado, 4 de diciembre de 2010

Un guerrero a las órdenes de los Reyes Católicos: La dama de Arintero

Son muchas las mujeres que a lo largo de la historia han cambiado su aspecto por el de un hombre para poder cumplir con su destino. Este fue el caso de Juana García, protagonista de una de las leyendas más fascinantes de la España de los Reyes Católicos.

Una España en guerra
Juana García vivió uno de los momentos más difíciles de la historia altomedieval de nuestro país. A finales del siglo XV Isabel la Católica se enfrentó contra su adversaria Juana La Beltraneja por la corona del fallecido rey Enrique IV. La primera era su hermana mayor, quien reclamó el trono alegando que su sobrina Juana no era en realidad hija de su hermano, sino de Don Beltrán de la Cueva y de la disoluta reina Juana de Portugal. Parece ser que la pobre heredera Juana recibió el triste mote de La Beltraneja por un cierto parecido con el noble caballero demasiado amigo de la reina. Fuera o no hija de Enrique IV, que pasó a la historia como "El Impotente", vaciló tanto en dar a su hija la herencia de sus reinos que a su muerte, la niña quedó en manos de manipuladores nobles y del rey de Portugal Alfonso V con el que se llegó a casar.

Aduciendo pues que Juana no tenía derecho a un trono que su padre le otorgó y le negó en varias ocasiones, la joven y decidida Isabel junto con su fiel marido Fernando llevó a la guerra a nobles, hidalgos y campesinos.

Las levas de hombres para guerrear empezaron a llegar a los pueblos más recónditos de Castilla. Arintero era uno de ellos. Allí vivía el hidalgo Juan García con su mujer Leonor y sus siete hijas. Don García era ya muy mayor para empuñar una lanza así que la tristeza le sobrevino al no poder ofrecer a sus reyes ningún hijo varón. Juana, en su temeraria juventud se ofreció a su padre para ir en nombre de la familia a la guerra. Tras mucha insistencia, Don Juan aceptó y tras enseñar a su hija el hábil manejo de la espada y la lanza, el control de un caballo y el uso de la pesada armadura marchó de su tranquilo pueblo a luchar contra los enemigos de los reyes católicos.

La mujer convertida en hombre
Juana se alistó con el nombre de Diego Oliveros. La transformación fue tan perfecta y detallada que ningún hombre con los que convivió en las largas noches y duros días de batalla se percató del engaño. Así consiguió llegar hasta Zamora, tomada por Fernando el católico en 1476, y librar el combate definitivo en Peleagonzalo a las puertas de Toro. Fue allí donde un mal golpe de una espada enemiga consiguió romper su jubón y mostrar a sus compañeros que el caballero Oliveros era en verdad una mujer.

Las felicitaciones de Fernando, los celos de Isabel
Quizás por la alegría de la victoria conseguida, el rey Fernando no dio importancia al disfraz y regaló a Juana prevendas y privilegios para su pueblo. Pero la reina católica no lo vio del mismo modo. Puede que por sus fervientes creencias religiosas que condenaban a la mujer que se vestía de hombre; o puede que los celos surgidos de su orgullo de reina y mujer, lo cierto es que de camino a Arintero, Juana fue interceptada por unos hombres.

No se sabe si Juana murió allí en La Cándana o consiguió escapar. Lo que sí es cierto es que su gesta la convirtió en leyenda. Una leyenda que varios historiadores han querido demostrar que no fue tal, pues parece ser que Juana efectivamente vivió su excepcional aventura de convertirse en un hombre para honrar a su padre.

 Si quieres leer sobre ella

La dama de Arintero, Antonio Martínez Llamas
Género: Novela
Cuando empiezas a leerla no puedes parar hasta que la terminas. Es genial. Consigue que el lector viaje en el tiempo a la España del siglo XV con una sencillez y perfección del lenguaje envidiables.

3 comentarios:

  1. ¿tendrá alguna relación con el romance "La Doncella Guerrera"?

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  2. No me agradan las mujeres que quieren ser hombre.

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    1. en serio?
      no queria ser hombre, queria luchar como otras lo han hecho, pero en ese tiempo como en este tiempo habia personas ignorantes que pensaban que las mujeres no podian ser guerreras y tuvo que disfrasarse.

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