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La perla de Tyburn, Margarita Ward (1550-1588)

 A mediados del siglo XVI, Inglaterra iniciaba un importante giro en su historia con la fundación de su propia iglesia. Enrique VIII se erigió como cabeza de la Iglesia de Inglaterra e inició una dramática persecución a aquellos que se negaban a dejar atrás sus creencias católicas. No fueron pocos los hombres y mujeres que fueron encarcelados y ejecutados por no obedecer al rey. Una persecución que continuaría durante el reinado de su hija Isabel I. El 30 de agosto de 1588, subían al patíbulo cinco personas. Allí fueron ahorcadas. Su delito, haber contravenido la fe anglicana. Una de esas personas era una mujer que no dudó en sacrificar su vida para defender sus creencias. 

Margarita Ward nacía en algún momento de 1550 en la localidad inglesa de Congleton, en Cheshire, en el seno de una familia católica. En algún momento de su vida se trasladó a vivir a Londres donde empezó a trabajar como dama de compañía de una mujer llamada señora Whitall. Para entonces, reinaba en Inglaterra Isabel I, tras un breve reinado de su hermana María Tudor, quien había intentado reinstaurar la fe católica. 

Margarita, que seguía profesando en secreto el catolicismo, conoció el caso de Richard Watson, un sacerdote encerrado y torturado en la prisión de Bridewell. Cuando decidió ir a visitarlo, quedó conmocionada por las condiciones en las que se encontraba el religioso, enmanillado y desnutrido y con signos de maltrato. 

Las visitas de la joven fueron cada vez más habituales, por lo que los carceleros se relajaron en el control de sus entradas y salidas. Margarita aprovechó para introducir en la cesta en la que solía llevar comida, una cuerda con la que el padre Watson pudiera escapar. Margarita había contactado con otro católico, John Roche, quien esperó bajo la prisión, escondido en una barca, para concluir la huida. El plan de Margarita salió como ella esperaba y el padre Watson consiguió escapar de una muerte segura. Pero el sacerdote dejó colgada la cuerda de la ventana de su celda.

Las autoridades no tardaron en culpar a Margarita, prácticamente la única persona que lo visitaba con tanta asiduidad. Encarcelada y sometida a torturas como permanecer largas horas suspendida del suelo y atada por las muñecas, Margarita permaneció firme. Sus carceleros le ofrecieron la posibilidad de salvarse. Para ello, debería abjurar de su fe y pedir perdón a la reina. Margarita no aceptó.

El 30 de agosto de 1588, Margarita Ward junto a cinco católicos, sacerdotes y laicos, entre los que se encontraba John Roche, subieron al patíbulo y murieron ahorcados. Siglos después, el Papa Pablo VI canonizaba a Margarita, el 25 de octubre de 1970, junto a los conocidos como los cuarenta mártires de Inglaterra y Gales. Recordada como “la perla de Tyburn”, aún en la actualidad muchos ingleses siguen venerando y ensalzando su figura.

Si quieres leer sobre ella

Mujeres Silenciadas en el Renacimiento 1. La corte, la Iglesia y los límites de la ortodoxia.


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