Frances Glessner Lee (1878-1962), la madre de la medicina forense


Frances Glessner Lee elaborando las piezas de sus dioramas. Foto:glessnerhouse.org

Ver a una ancianita elaborar detalladas casas de muñecas podría llevarnos a pensar en una entrañable escena en la que preparaba un regalo para alguna de sus nietas. Pero las imágenes no siempre son lo que parecen. Aquella ancianita de más de sesenta años que construía a escala y con el más mínimo detalle hogares victorianos realizaba, en realidad, recreaciones sumamente realistas de crímenes sin resolver. 

Frances Glessner Lee estaba llamada a ser una mujer más de la Norteamérica decimonónica. Era hija de una próspera familia de industriales y esposa de un reputado abogado. Pero el papel que se le asignó a Frances no fue el que ella deseaba en la vida. Siempre había soñado con ser médico o enfermera, poder ir a la universidad y trabajar en la investigación criminal. Roles muy alejados de lo que se esperaba de alguien como ella. Así que tuvo que esperar pacientemente durante años para ser lo que realmente quería ser. 

Nacida el 25 de marzo de 1878, Frances Glessner era hija de John Jacob Glessner, propietario de la International Harvester, y su esposa, Sarah Frances Machbeth. Frances creció en el bonito y lujoso hogar familiar de Chicago, la Glessner House, donde fue educada por tutores personales junto a su hermano George. Este fue durante mucho tiempo su único amigo y compañero de juegos, recluidos ambos en aquella jaula de cristal en la que soñaban despiertos leyendo novelas policíacas, género del que eran apasionados lectores. 


Frances Glessner. Foto: glessnerhouse.org

Cuando crecieron, George pudo continuar estudiando en Harvard. Frances no. A nadie se le pasó por la cabeza que, a pesar de que la joven lo demandaba, su futuro pasaba por las aulas de la universidad. Con diecinueve años y, tras ser presentada en sociedad, Frances Glessner se convirtió en la señora de un abogado llamado Blewett Lee. El suyo no fue un matrimonio feliz y Frances no se resignó a ser la "esposa de" ni a dedicarse únicamente al cuidado de sus tres hijos. 

Contraviniendo las normas del decoro de su respetable clase social, Frances consiguió separarse primero y divorciarse después. En 1914 era una mujer libre dispuesta a cumplir con sus sueños. La desdichada cadena de fallecimientos familiares, su hermano primero, al que siguieron su madre y su padre, que falleció en 1936, la convirtieron en una rica heredera que pudo vivir de manera independiente. 
Frances Glessner quería estudiar en la universidad pero los convencionalismos de su tiempo le prohibieron realizar sus sueños
En aquella época, Frances había conocido a un compañero de estudios de su desaparecido hermano, un estudiante de medicina de Harvard llamado George Burgess Magrath con el que congenió desde el primer momento. Entusiasmada con su nueva vida, Frances se volcó de lleno en colaborar con Magrath para la creación en 1931 del Departamento de Medicina Legal de Harvad y tres años después la Biblioteca Magrath de Medicina Legal. 

Dioramas de Frances Glessner Lee. Foto: Lorie Shaull. Wikimedia Commons

Pocos años después, Frances se dedicó a la recreación de asesinatos reales para ayudar a la policía e investigadores a desentrañar los casos sin resolver. Sus casas de muñecas, en las que los muebles, los objetos e incluso los rostros ensangrentados de las víctimas los recreó con sumo realismo, se convirtieron en escenas de crímenes reales que expuso en los muchos seminarios que organizó bajo el nombre de Nutshell Studies of Unexplained Death
Frances Glessner tuvo que esperar cincuenta años para poder dedicarse a lo que realmente había querido siempre, la medicina forense
Sus dioramas le valieron el reconocimiento de la comunidad científica y el respeto de jueces y policías. En 1943 se convertía en la primera mujer en asumir el cargo de Capitán de Policía en New Hampshire. 

Aunque tarde, Frances Glessner Lee consiguió realizar su sueño profesional y ser reconocida como la madre de la medicina forense. Tras su muerte, el 27 de enero de 1962, sus dioramas continuaron siendo útiles en las investigaciones y, aún en la actualidad se utilizan en algunos casos. 

 Bibliografía y referencias 

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