domingo, 3 de junio de 2018

El ama de casa que rescató a las mujeres, Betty Friedan (1921-2006)



A mediados del siglo XX, las mujeres de muchos países del mundo habían alcanzado importantes metas largamente reivindicadas. El sufragio femenino o el acceso a la educación universitaria fueron algunos de los principales hitos de la conocida como "Segunda ola" del feminismo. Sin embargo, cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, momento en el que muchas mujeres se habían incorporado de manera masiva al mundo laboral, parecía que la historia daba un peligroso retroceso. La figura del ama de casa fue reivindicada en la publicidad, en las publicaciones femeninas y en la opinión pública en general. Todo lo que se había conseguido, formación, profesión, parecía que ya no servía de nada. En la década de los sesenta, una de aquellas profesionales que lo había dejado todo para cuidar de su marido y sus hijos se empezó a plantear preguntas que derivarían en la formulación de lo que ella, Betty Friedan, definió como "el malestar que no tiene nombre". Su labor fue clave en el desarrollo de la "Tercera ola" del feminismo.  

Betty Naomi Goldstein nació el 4 de febrero de 1921 en la ciudad norteamericana de Peoria, en Illinois. Su padre, Harry Goldstein, era un empresario de origen ruso y judío que regentaba una tienda de joyas. Ya en su infancia, Betty experimentó en su propia familia la frustración de su madre, Miriam Horwitz, de origen húngaro, al tener que dejar su trabajo como editora en un periódico cuando se casó y empezó a tener hijos. 



Betty fue una niña despierta y una estudiante brillante que tras pasar por la escuela y el instituto, se graduó en psicología en el Smith College en 1942. Un año después se marchó a la Universidad de California donde había conseguido una beca. La carrera profesional de Betty iba avanzando a pasos agigantados. Se trasladó a Nueva York donde colaboró con varias publicaciones. Betty era editora, redactora y reportera; había alcanzado la independencia económica pero su historia como mujer trabajadora tenía un final. En 1947, después de contraer matrimonio con Carl Friedan, director de teatro y ejecutivo publicitario, Betty fue dejando sus trabajos y se trasladó a vivir a una casa en el condado neoyorquino de Rockland. Su caso no era un caso aislado. Como ella, la gran mayoría de mujeres dejaban su trabajo después de casarse. 

Betty no dejó del todo su vinculación con el mundo profesional y continuó colaborando con algunas revistas femeninas. Convertida en ama de casa, con tres hijos y un marido a los que asistir y servir, Betty empezó a observar que las mujeres que como ella habían abandonado el mundo profesional y se habían recluido en la vida doméstica no eran del todo felices. Había algo que sobrevolaba el ambiente, una suerte de frustración no verbalizada, algo que ella terminó definiendo como "el mal que no tiene nombre". 



En 1963, después de muchas horas de investigación y estudio de campo, nacía La mística de la feminidad, una extensa obra que marcaría un antes y un después en la historia del feminismo. 

¿Y qué era ese malestar que no tenía nombre? ¿Qué palabras utilizaban las mujeres cuando trataban de expresarlo? A veces una mujer decía: "Me siento como vacía... incompleta". En ocasiones acaballaba esa sensación tomando tranquilizantes. 

La mística de la feminidad fue un éxito inmediato y arrollador. Miles de mujeres se vieron reflejadas en las páginas de la obra de Betty Friedan y se dieron cuenta que durante años habían estado viviendo una mentira y una constante desolación mientras el mundo les hacía creer que su existencia era ideal. Al año siguiente, La mística de la feminidad conseguía el Premio Pulitzer. 

Sin habérselo propuesto, Betty Friendan se convirtió en todo un referente de los nuevos planteamientos feministas de las últimas décadas del siglo XX. Su obra, junto al Segundo Sexo de Simone de Beauvoir se erigieron como referentes indiscutibles de la Tercera ola del feminismo. En 1966 ayudó a fundar la Organización Nacional para las mujeres (Nacional Organization for Women, NOW) y se volcó de lleno en la lucha por la reincorporación de las mujeres al mundo laboral en condiciones de igualdad salarial con los hombres. 



El 26 de agosto de 1970, con motivo del cincuenta aniversario del logro del sufragio femenino,encabezó una multitudinaria manifestación en Nueva York de más de cincuenta mil personas que, bajo el título de Women's Strike for Equality (Huelga por la Igualdad de las Mujeres), reivindicaba la igualdad laboral entre hombres y mujeres. 

El aborto y otras cuestiones marcaron la agenda de lucha de los siguientes años en los que Betty Friedan tuvo que lidiar con las voces críticas que la acusaron de no ser suficientemente radical en sus posturas.



Tras el éxito de La mística de la feminidad, Betty Friedan escribió otros textos relacionados con el feminismo: La segunda fase (1981), La fuente de la edad: vivir la vejez como una etapa de plenitud (1993) y Mi vida hasta ahora (2000). 

Divorciada en 1969 tras más de dos décadas de matrimonio en el que llegó a confesar malos tratos, Betty Friedan dedicó la última etapa de su vida a mejorar la situación política, económica y social de las mujeres hasta que la muerte le llegó el mismo día que cumplía ochenta y cinco años, el 4 de febrero de 2006.

 Su obra 


La mística de la Feminidad







Mi vida hasta ahora


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