domingo, 15 de noviembre de 2015

La bailarina de Hollywood, Ginger Rogers (1911-1995)

Diez fueron los títulos que Ginger Rogers protagonizó junto al bailarín Fred Astaire cambiando la manera de disfrutar de los musicales en el Hollywood de los años treinta. Su inolvidable estilo de baile y su impecable coordinación en la pista enamoraron a todos los amantes del cine musical. Pero Rogers intentó siempre potenciar su carrera en solitario y desvincularse de una pareja profesional que se llevaba más sueldo que ella y decidía la gran mayoría de las coreografías. Casada en cinco ocasiones, su vida estuvo siempre ligada emocionalmente a su madre. Ganó un Oscar de Holywood, por una película en la que no dio ni un sólo paso de baile. 

Virginia Katherine McMath nació en la localidad de Independence, en Misuri, el 16 de julio de 1911. Virginia fue la única hija de Williams McMath, un ingeniero de origen escocés, y su esposa, Lela Owens. Una familia que pronto se rompería iniciando una triste lucha legal por la custodia de la niña. Virginia, a la que sus primos la llamaban cariñosamente Ginga, terminó viviendo con sus abuelos maternos durante mucho tiempo. Tenía nueve años cuando su madre se volvía a casar. Aunque su padrastro, John Logan Rogers nunca la adoptó legalmente, Ginga terminaría utilizando su apellido. 

Ginger Rogers empezó su carrera artística gracias a su madre. Lela era una periodista y escritora de guiones cinematográficos a la que su hija acompañó en ciertas ocasiones, sobre todo cuando tenía que escribir críticas de teatro para un periódico local de Fort Worth, en Texas, donde la familia se había trasladado a vivir. Fue allí, en Texas, donde Ginger consiguió su primer papel en la compañía de variedades de Eddie Foy con quien hizo una gira de tres años por todo el país. Fue en aquella época, cuando tenía tan sólo diecisiete años, cuando Ginger Rogers se casaría por primera vez con un bailarín. Un matrimonio que duraría muy poco y que sería el primero de una larga lista de cinco matrimonios fracasados.



Ginger Rogers continuó viviendo bajo la protección de su madre a la que acompañó poco tiempo después a Nueva York. Mientras su madre continuaba con su trabajo de periodista, ella empezó a hacer sus primeras incursiones en Broadway y en alguna película, en 1929.

Pero su verdadera oportunidad llegó cuando fue elegida para protagonizar el musical de George e Ida Gershwin Girl Crazy. Para ayudar a los actores en las representaciones, estaba un bailarín y coreógrafo llamado Fred Astaire. La obra fue un éxito total y a Ginger le valió firmar un contrato con la Paramount que, sin embargo, no condicionaría su independencia como actriz. 



Poco tiempo después se trasladaba a Hollywood donde, tras varias películas de poco éxito protagonizó La calle 42 que le daría el prestigio y el reconocimiento de la crítica. En 1933 rodaba Volando hacia Río, un musical en el que se reencontró con Fred Astaire y demostraron ser una pareja inigualable. Su estilo, su compenetración y su perfecto encaje en la pista de baile, hicieron de Fred Astaire y Ginger Rogers un icono de aquellos años dorados de Hollywood y cambiaron para siempre los musicales de cine. Ocho películas más gravaron la pareja del momento bajo la estricta supervisión coreográfica de Astaire. Era él quien creaba los pasos de baile y, a pesar de que Ginger también quiso participar en el proceso creativo, no se la consideró como poco más que la pareja de Astaire quien cobraba un sueldo superior al de ella. 



En 1939 Ginger Rogers consiguió rodar una película alejada del musical y en 1940, su papel en Espejismo de amor le valió un Oscar a la mejor actriz. Al final de la década de los cuarenta, Fred Astaire y Ginger Roger se volvieron a unir en su décima y última aparición juntos. 



A partir de entonces se iniciaba un lento pero inexorable declive para Ginger, quien, después de vivir cinco matrimonios fallidos y sufrir terriblemente por la muerte de su madre en 1977, se retiró a vivir a un rancho que había comprado hacía años y donde fallecería de un ataque al corazón el 25 de abril de 1995. Sus restos fueron enterrados junto a los de Lela Rogers. 

1 comentario:

  1. Hola Sandra, me ha gustado mucho leer la vida de esta mujer, bueno realmente me ha parecido increíble es que ganara un oscar en una película que no bailara. Siempre me sorprendió la perfecta compenetración con Fred. Aprovecho para decirte que he leído esta biografía por azar, porque son tantas las que tienes que es fascinante poder adentrarme en otra cualquiera. Gracias

    ResponderEliminar