sábado, 20 de diciembre de 2014

Modelando la fauna y la historia, Anna Vaughn Hyatt Huntington (1876-1973)

Casi un siglo vivió Anna Vaughn Hyatt Huntington y a lo largo de su extensa vida observó e inmortalizó con su talento escultórico hermosos animales y famosos personajes de la historia. Amante de la naturaleza, Anna pasaba largas horas en los zoológicos observando las formas de los animales que luego modelaría con gran talento en su estudio, entre ellos, el caballo que fue su auténtica pasión. Con su marido compartió el amor por la historia y sus manos crearon bellas esculturas de personajes históricos de la talla del Cid Campeador o Juana de Arco. Recibió un largo número de reconocimientos artísticos y su obra se puede observar en infinidad de lugares de todo el mundo, ya sean originales o reproducciones.

Anna Vaughn Hyatt Huntington nació el 10 de marzo de 1876 en Cambridge, Massachusetts. Anna era la pequeña de los tres hijos de Alpheus Hyatt, un profesor de paleontología y zoolología de la Universidad de Harvard, y Aduella Beebe Hyatt, una pintora de paisajes. Si de su padre heredó el amor por los animales, de su madre lo haría del arte. 

Fue en la granja de verano de su familia donde Anna empezó a sentir una verdadera pasión por los caballos y otros animales a los que empezó a modelar en arcilla. Aquella incipiente actividad era solamente un entretenimiento pues hasta los diecinueve años estuvo estudiando para ser una violinista profesional. Pero un día en el que ayudó a su hermana mayor Harriet a arreglar la pierna de una escultura que estaba haciendo, esta se dio cuenta del talento de Anna y la animó a participar en el grupo escultórico elaborando la forma de un perro. La pieza final no sólo fue expuesta en un centro artístico sino que fue vendida haciendo nacer en Anna su entusiasmo por la escultura.


Sybil Ludington | Lago Carmel, NuevaYork

Anna empezó a estudiar este arte en Boston de la mano del escultor Henry Hudson Kitson y pronto marchó a Nueva York para seguir formándose con otros artistas de renombre. Aunque Anna se dio cuenta que prefería la observación directa de los animales que ella ansiaba inmortalizar que el estudio academicista. Así que dejó las cuatro paredes de los estudios de arte y pasó largas horas en el Zoo del Bronx.



Sus primeras esculturas ecuestres fueron aclamadas por la crítica y abrieron a Anna un largo camino artístico que duraría hasta los últimos años de su longeva existencia. Durante aquellos años, Anna compartió estudio y trabajo con algunas otras escultoras como Abastenia Saint Leger Eberle.
Juana de Arco

En 1907 Anna decidió dar un salto en su carrera y embarcarse en la aventura europea. Un año después el Paris Salon se rendía a sus pies con unas hermosas esculturas de jaguares. Después de viajar a Nápoles y volver por un tiempo a los Estados Unidos, Anna regresaba a París para acometer una de sus obras cumbre en la que estuvo soñando y trabajando durante años. En 1915, en una emotiva ceremonia, se desveló la hermosa estatua ecuestre de Juana de Arco. Aquellos fueron años de reconocimientos artísticos y continuo trabajo en obras que le eran encargadas gracias a la fama de su talento.

En 1923 Anna conoció al que se convertiría en su marido. Fue en la Sociedad Hispánica de Nueva York donde se estaba organizando una exposición de esculturas. Archer Milton Huntington era un rico heredero del ferrocarril que dedicaba parte de su tiempo a obras filantrópicas relacionadas con la cultura hispánica por la que sentía un gran interés. El 10 de marzo de aquel mismo año, el día que ambos celebraban su cumpleaños, se casaron en una bonita ceremonia en el estudio de Archer.

Su marido le contagió su pasión por la cultura hispana que se tradujo en obras como una escultura del Quijote y otra del Cid Campeador que fue donada a Sevilla que, en agradecimiento, nombró a la pareja hijos adoptivos de la ciudad andaluza. 



Anna y Archer vivieron en una casa a las afueras de Nueva York donde crearon un zoológico que les sirvió para seguir estudiando la anatomía animal. Poco después donarían los animales a Nueva York y se trasladaron a una amplia propiedad en Redding, Connecticut donde Anna empezó a experimentar con el aluminio sin dejar de modelar con el bronce.



Hasta pocos años antes de su muerte, Anne continuó modelando hermosas obras de arte, como una increíble composición ecuestre con Lady Godiva

Lady Godiva

A finales de los sesenta dejó definitivamente su arte y vivió retirada en su hogar de Redding hasta su muerte, el 4 de octubre de 1973.

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