lunes, 27 de agosto de 2012

Los números femeninos, Marie-Sophie Germain (1776-1831)

Si el saber ha estado vetado durante siglos a las mujeres, el conocimiento científico ha sido uno de los que más dificultades han tenido para conquistar. Tradicionalmente reservadas a los hombres, las ciencias han visto también despuntar algunos nombres femeninos. Mujeres que hicieron rendirse a la evidencia a grandes hombres de ciencia. Marie-Shopie Germain vivió en la Francia revolucionaria y en la posterior Europa Napoleónica, un tiempo en el que las matemáticas disfrutaron de un momento de esplendor. Su afán de saber la llevó a aportar importantes contribuciones a teorías científicas pero a lo largo de su vida sufrió las dificultades de su género para acceder al conocimiento y, a pesar de que algunos de sus colegas respetaron su obra, otros se lo pusieron muy difícil.

El Señor Leblanc
Marie-Sophie Germain nació en París el 1 de abril de 1776. Era una de las hijas de Ambroise-François, un comerciante de pieles, y Marie-Madelaine Gruguelin. Marie-Sophie disfrutó desde bien pequeña de un ambiente culto gracias a las discusiones filosóficas y políticas que se vivían en su hogar. 

Mientras en las calles de París la revolución empezaba a surgir, la pequeña Maríe-Sophie se refugió en la extensa biblioteca de su padre en la que se inició en la pasión por la lectura y el conocimiento. Tendría poco más de 13 años cuando leyó un relato sobre la muerte de Arquímedes por un soldado romano. La historia del matemático griego le conmovió y empezó entonces su interés por los números. 

A pesar de las reticencias de sus padres, quienes no estaban para nada de acuerdo con la nueva afición a los libros de ciencias de Marie-Sophie, la joven pasó buena parte de las noches leyendo y estudiando bajo las sábanas. A la luz de unas velas cogidas a escondidas de su familia, Marie-Sophie aprendió latín y griego para acceder de primera mano a los saberes de los primeros científicos de la historia. 

El año 1795 abría sus puertas la Escuela Politécnica de París, una institución por supuesto vetada a las mujeres. Aquello no fue un impedimento para Marie-Sophie, quien se las ingenió para conseguir el contenido del curso de química de Antoine François Fourcroy y el de análisis de Joseph-Louis Lagrange. 

Su saber autodidacta la llevó a redactar un trabajo que no dudó en enviar a Lagrange aunque ocultando su verdadera identidad tras el pseudónimo de “Señor LeBlanc”. Empezó una relación epistolar con el profesor quien, fascinado por el contenido de las cartas del Señor LeBlanc quiso conocerle en persona. Los temores de Marie-Sophie de ser rechazada al descubrir su condición de mujer desaparecieron cuando Lagrange no dudó en felicitarla por su trabajo. El matemático intentó ayudar a Marie-Sophie pero nunca logró ofrecerle un verdadero y completo plan de estudios científicos. 

Como Señor LeBlanc, Marie-Sophie también entabló una relación a distancia con Karl Gauss quien al saber que tras aquel científico se escondía una mujer tampoco la rechazó. Pero a pesar de esos reconocimientos públicos, Marie-Sophie estaba sola ante su propia inquietud. A diferencia de otras mujeres científicas, su familia no estaba relacionada directamente con ese mundo y no la pudo ayudar y aquellos que admiraron su trabajo como Lagrange o Gauss tampoco le dieron lo que necesitaba, una verdadera y seria formación. 

Un premio extraordinario
El nuevo emperador de Francia, Napoleón Bonaparte, instó a la Academia Francesa de las Ciencias a organizar un prix extraordinarie que premiara un análisis acerca de la elasticidad. El premio consistía en una medalla de oro de un kilo por un valor de 3000 francos. El matemático Pierre Laplace organizó el concurso en 1809. Dos años después, el 21 de septiembre de 1811 presentó su propuesta. A pesar de ser la única concursante, Marie-Sophie vio rechazado su trabajo por un error de cálculo. El concurso se amplió dos años más y Marie-Sophie se volvió a presentar. De nuevo la única propuesta, tampoco esta vez recibió el premio aunque sí una mención de honor. Por fin, en 1816 consiguió ganar el concurso cuyo premio no recogió públicamente. 

Marie-Sophie se convertía en la primera mujer en asistir a las sesiones de la Academia además de las mujeres de sus miembros, quienes sí tenían acceso libre.

Los números primos de Germain
El estudio autodidacta, irregular e incompleto de Marie-Sophie Germain fue compensado por la inteligencia, la tenacidad y la capacidad de estudio de la joven matemática. Sus aportaciones a la ciencia fueron varias, centradas en la teoría de la elasticidad y en la teoría de los números, con la que redujo considerablemente las soluciones al teorema de Fermat. 

La doctora póstuma
Marie-Sophie Germain se retiró del mundo de la ciencia cuando empezó a sufrir los síntomas de un letal cáncer de mama. Se centró entonces en temas culturales y filosóficos como sus Consideraciones generales sobre el estado de las Ciencias y las Letras, un texto publicado por su sobrino después de su muerte y alagado por Auguste Compte. 

Poco antes de morir, su antiguo admirador, Karl Gauss, solicitó a la Universidad de Göttinguen el título de doctora para ella. Marie-Sophie no pudo recibir en vida ese reconocimiento. El 27 de junio de 1831, a los 55 años de edad, moría Marie-Sophie Germain, una científica nata quien, a pesar de las dificultades, nunca dejó de vivir con gran pasión las matemáticas. 

 Si quieres leer sobre ella

Mujeres, manzanas y matemáticas. Entretejidas, Xaro Nomdedeu







El Legado de Hipatia: Historia de las mujeres en la ciencia desde la Antigüedad hasta fines del siglo XIX, Margaret Alic






El Diario De SofiDora González

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