sábado, 10 de diciembre de 2011

Juicio contra la doctora, Jacoba Félicié (Siglo XIV)

Mujeres asistiendo a un parto.
Iluminación medieval
En 1322 una mujer noble que había dedicado su vida a sanar a los enfermos era juzgada por las altas instancias de la Facultad de Medicina de París. Su crimen, ejercer como médico cuando no le estaba permitido por no tener autorización y por ser mujer. El proceso, sin embargo, inmortalizó la vida profesional de una mujer de la que, gracias a los testigos, sabemos que fue un médico excelente y querido por la gran mayoría de sus pacientes.

Un juicio como testigo
La documentación del juicio contra Jacoba es la única fuente de información sobre esta mujer que se enfrentó al poder establecido en la Francia medieval cuando contaba con unos 30 años de edad. Jacoba sería de origen alemán y pertenecería a un estamento privilegiado pues es la única mujer que aparece en el juicio con el tratamiento de domina1.

Aunque Jacoba Félicié se convertiría en una destacada médico en París, no habría recibido ninguna formación profesional ni universitaria que avalaran sus prácticas médicas. Tampoco tenía ningún tipo de licencia oficial.

La profesionalidad de Jacoba
Los siete testimonios del juicio contra Jacoba pusieron de manifiesto que esta mujer siguió los mismos protocolos que los facultativos profesionales y que en la gran mayoría de los casos aportados por los testigos había conseguido curar a sus pacientes, enfermos que, por otro lado, habían acudido previamente a doctores profesionales sin ningún éxito.

Jacoba hacía lo mismo que los médicos oficiales: observaba al enfermo, le tomaba el pulso e inspeccionaba su orina2. Y no era la única. A pesar de que estaba prohibida la práctica médica por personas que no hubieran pasado por la universidad, centros prohibidos, por otro lado, a las mujeres, la escasez de médicos, sobre todo en zonas rurales, hacía que personas con capacidades y conocimientos empíricos intentaran curar a los enfermos. Y fueron precisamente las mujeres, quienes en el ámbito del hogar se dedicaban no sólo a mantener la casa sino también a cuidar de sus hijos y seres queridos enfermos, las que desarrollaron unos conocimientos valiosísimos sobre medicina. 

A pesar de todo ello, el hecho de que Jacoba cobrara por sus servicios y se hiciera famosa en su práctica profesional fueron posiblemente las principales razones que la llevaron hasta el tribunal universitario. El veredicto fue claro: culpable. Jacoba Félicié fue amenazada de excomunión si continuaba practicando la medicina. Además de condenarla a no ejercer su profesión, tuvo que pagar una multa de 60 libras.

Muchos siglos tendrían que pasar hasta que las universidades europeas aceptaran a las mujeres en sus aulas con relativa normalidad.

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1. Sanadoras, matronas y médicas en Europa, Montserrat Cabré y Teresa Ortiz. P. 56
2. Ídem. P. 65

 Si quieres leer sobre ella

Sanadoras, matronas y médicas en Europa, Montserrat Cabré y Teresa Ortiz

3 comentarios:

  1. Molt interesssant! També el llibre té molt bona pinta. Merci!

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  2. La valiosísima labor de mujeres comadronas y parteras, puericultoras, enfermeras y expertas en fitoterapia y remedios naturales ha sido, durante siglos, querida Sandra, inestimable en la práctica diaria pero, desgraciadamente, invisible para la medicina académica; saberes transmitidos de generación en generación que han subsanado, con dedicación infinita, las carencias sanitarias y de atención primaria especialmente en los ámbitos rurales.
    Hermoso tu homenaje, Sandra, a mujeres valientes y decididas como Jacoba Félicié, a la que no era suficiente castigar con condenas terrenales sino con la mismísima pena eterna de la excomunión!!
    Mil bicos, Sandra, por tan hermosa apología de una mujer que simboliza a todo un colectivo cuyos méritos nunca serán valorados en su justa medida.

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  3. Nous i desconeguts personatges que, encara ara, continuen enriquint-nos amb la seva història. No fa gaires anys vaig mantenir una conversa amb un amic metge i m'explicava el símbol dels barbers que significa el cordó umbilical, doncs, segons la facultat de medicina, van ser els primers encarregats de atendre els parts, al preguntar jo com considerava la facultat de medicina la tasca de les matrones des de la prehistòria, em va dir que no s'estudiva ni reconeixia... encara ara, no m'ho puc creure! Continua així Sandra, treien de la foscor aquests grans personatges. Una abraçada!

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