sábado, 26 de noviembre de 2011

La jesuita regente, Juana de Austria (1535-1573)

A lo largo de los siglos, las mujeres de la realeza han ejercido un importante papel en el tablero dinástico y político europeo. Dar herederos a sus familias y establecer lazos entre reinos, esos fueron sus principales cometidos. Algunas de ellas simplemente asumieron su rol con resignación. Pero muchas otras fueron más allá y aportaron inteligencia y buen gobierno a los reinos de sus padres, hermanos o hijos. Este fue sin duda el caso de Juana de Austria.

La hermana favorita
Juana de Austria nació el 24 de junio de 1535 en Madrid. Fue la quinta de los seis vástagos que engendró la emperatriz, Isabel de Portugal. Su nacimiento se produjo mientras su padre, el emperador Carlos V se encontraba defendiendo sus posiciones en África. Su madre, como haría ella años después, ejercería con gran pesar pero también con destacable sabiduría, el gobierno del reino.

La infancia de Juana transcurrió tranquila aunque se vería afectada por la melancolía de su madre primero, añorada de su querido esposo, y su desaparición poco tiempo después. La pequeña de tan sólo 4 años de edad perdía a su madre tras el nacimiento de su hermano Juan.

Juana quedaba entonces sola, con su hermano mayor, el futuro Felipe II, y su hermana María, pues sus otros hermanos Juan y Fernando, así como el pequeño Juan, no habían superado los pocos años de existencia.

A partir de entonces, la estima entre Juana y Felipe sería mutua y su relación fraternal se estrecharía cada vez más hasta el punto de que Felipe terminaría por confiarle su gobierno.

La pequeña Juana pronto se convirtió en una joven esbelta e inteligente que, bajo la tutela de Leonor de Mascareñas, aprendió el latín y otras artes como la música.

Matrimonios cruzados
Siguiendo la tradición iniciada por Juana la Loca y su hermano Juan, quienes se casaron con Felipe el Hermoso y su hermana Margarita, Felipe se había casado con María Manuela de Portugal y posteriormente debería hacerlo Juana con el hermano de aquella, Juan Manuel. Si a finales del siglo XV, los hijos de Isabel la Católica habían estrechado lazos dinásticos con los Habsburgo, ahora, en pleno siglo XVI, los intereses políticos se centraban en Portugal.

Así, el 11 de enero de 1552 Juana se casaba por poderes en Toro con su primo hermano (Juan Manuel era hijo de Catalina, hermana de su padre). La infanta tenía entonces 17 años.

A pesar de que entre Juana y su esposo creció pronto una estima y cariño mutuos y engendraron en poco tiempo un heredero para el reino luso, el matrimonio no duró mucho. La prematura muerte del príncipe Juan Manuel el 2 de enero de 1554 a causa de la tuberculosis dejó a Juana sumida en una profunda tristeza y desesperación. Sabedores de que la noticia no beneficiaría en nada a la infanta y a su bebé, le fue ocultada hasta que el pequeño Sebastián nació 18 días después.

Lágrimas por el príncipe
Juana quedaba entonces en una difícil situación. Su presencia en la corte lusa empezó a verse como una amenaza. A la hostilidad con la que se encontró la joven viuda se unió un cambio de rumbo en la corte española. Tras la muerte de María Manuela de Portugal, el príncipe Felipe había decidido volverse a casar, esta vez con su prima segunda María Tudor por lo que debía marchar a Inglaterra. Carlos V pensó entonces en su hija quien fue llamada a ocupar el lugar de su hermano como regente en Castilla.

Así, el 15 de mayo de 1554 dejaba para siempre su reino de adopción. Un velo negro cubría un rostro probablemente roto por el dolor de tener que abandonar a un hijo de escasos meses. Sebastián quedaría al cuidado de la reina Catalina. Nunca más volvería a ver a su madre.

La regente
Juana gobernó con sabiduría e inteligencia en España durante cuatro años en los que también se hizo cargo del cuidado y la educación de su sobrino Carlos, hijo de Felipe y María Manuela.
En ese tiempo, Juana y todos los súbditos del gran imperio de su padre vieron como el emperador Carlos V dejaba el corazón de Europa asolado por las guerras de religión para partir hacia el monasterio de Yuste, en el que tenía pensado vivir el resto de sus días tras haber abdicado en favor de su hijo Felipe.

La jesuita
A pesar de ser una joven bella e inteligente y de tener muchos pretendientes en la corte y entre las familias reales europeas, Juana dedicó el resto de su vida al gobierno de España, al cuidado de los hijos de su hermano y a una profunda piedad.

Juana se acercó a la compañía de Jesús de la mano de uno de sus miembros principales, Francisco de Borja. A pesar de ser una orden en la que no tenían cabida las mujeres, la infanta luchó por unirse a ellos, objetivo que conseguiría en secreto y adoptando una identidad masculina bajo el nombre de Mateo Sánchez.

Su religiosidad llevó a Juana a fundar el famoso Convento de las Descalzas Reales en 1557, un convento de clarisas al que se retiraría en 1559, a la vuelta de su hermano, el ya entonces rey Felipe II.

A pesar de su retiro espiritual, Juana se mantuvo fiel al lado de su hermano. No sólo le consoló por la muerte del príncipe Carlos y de su tercera esposa y gran amiga Isabel de Valois, sino que se hizo cargo de la educación de sus dos hijas, Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela.

El 7 de septiembre de 1573 moría Juana de Austria tras el largo sufrimiento provocado por un tumor. Llorada con sinceridad por los súbditos de su hermano, la infanta fue enterrada en el Convento de las Descalzas Reales de Madrid.

 Si quieres leer sobre ella


Juana de Austria, reina en la sombra, Aroni Yanko
Las Austrias, Catalina de Habsburgo
Género: Ensayo







Ellas mismas, María Teresa Álvarez



Las mujeres de Felipe II
María Pilar Queralt del Hierro





2 comentarios:

  1. ¡Qué hermosa historia la de esta mujer, Juana de Austria, que, como el título del libro que nos regalas, fue "reina en la sombra"! Su buen juicio, inteligencia y formación cultural nos demuestra cómo los gobiernos son guiados con eficacia por manos masculinas o femeninas, indistintamente.
    Gracias, Sandra, por recuperarnos esta excelente figura con categoría de reina, como diríamos en gallego, "de seu", por merecimientos propios.
    Mil besiños, cara.

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  2. Com diu Punset, cap temps passat ha estat millor.. i és ben cert. Quina vida la d'aquestes dones, de renuncia, sacrifici i això que Juana de Austria, pel que expliques, va ser una dona respectada i amb poder de decisió, però no va veure mai al seu fill... Sens dubte una gran dona que ens regales un cop més. Una abraçada!

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