miércoles, 7 de febrero de 2018

La compañera del peligro, Marie Marvingt (1875-1963)

En Francia se la conocía como "La fiancée du danger". No había reto que se dispusiera superar que no alcanzara. Practicó todo tipo de deportes y se puso al frente de globos aerostáticos, aviones de guerra y helicópteros. Marie Marvingt fue la primera mujer en pilotar un bombardero en la Primera Guerra Mundial, fue periodista en Marruecos y tuvo un papel importante en la creación de un sistema sanitario aéreo. Una vida longeva en la que nunca dejó de ponerse retos y trabajar por mejorar las condiciones sanitarias en el frente de guerra. Una mujer con una vida excepcional que, a pesar de ser toda una heroína en Francia, su nombre no es muy conocido lejos de sus fronteras. 

Marie Félicie Elisabeth Marvingt nació el 20 de febrero de 1875 en la localidad francesa de Aurillac en el seno de una familia de clase media. Su padre, Félix Marvignt, era administrador de correos. Cuando Marie tenía cinco años, su familia se mudó a Metz, que por aquel entonces formaba parte de Alemania. Allí permanecieron hasta 1889, año en el que su madre, Elisabeth Brusquin, falleció. Marie, una adolescente de catorce años, volvió a mudarse con su padre y su hermano a la ciudad de Nancy. Allí, la joven se hizo cargo de la casa mientras buscaba cualquier lugar escondido y momento libre para aislarse del mundo y disfrutar de la lectura de libros de aventuras y de ciencias. 

Marie disfrutaba también del deporte, de cualquier deporte, algo que a su padre no le importó, todo lo contrario, la apoyó, a pesar de ser mujer en una época en la que correr, ir en bicicleta o practicar el tiro no eran disciplinas consideradas femeninas. En poco tiempo Marie descubrió que era capaz de enfrentarse a todo tipo de deporte. Atletismo, deportes de equipo, esquí, tenis, golf, boxeo, ciclismo, natación, Marie era capaz de practicarlos todos y hacerlo con buenas marcas. En poco tiempo se convirtió en la primera mujer en escalar algunas de las montañas más altas de Francia y Suiza. En 1905 nadó el tramo del Sena a lo largo de París y dos años después ganó una competición de tiro militar, convirtiéndose en la primear mujer en ganar en una competición similar. 



Aquel mismo año de 1907, Marie se aventuró a pilotar un globo y es que, seguramente cuando en 1901 se subió a uno como pasajera, pensó en dominar uno de esos artilugios algún día. En 1909 se convertía en la primera mujer en pilotar un globo a través del Canal de la Mancha. 

En 1908, puso su atención en el ciclismo y pretendió participar en el Tour de Francia, carrera reservada en exclusiva a los hombres. Lejos de amedrentarse, realizó el mismo recorrido del Tour después de su organización oficial. 

Marie Marvingt no podía permanecer demasiado tiempo quieta, así que continuó practicando y destacando todo tipo de deportes. Y se convirtió en toda una celebridad en Francia hasta el punto de que en 1910 la Academia de los Deportes francesa le dio la Medalla de Oro por todos los deportes que había practicado. 

Un nuevo reto lo encontró en el cielo que ya había conquistado con un globo. Ahora, iba a convertirse en la tercera mujer francesa, después de Raymonde de Laroche y Marthe Niel en conseguir su licencia de vuelo en el Aero Club de Francia. 

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, Marie no iba a quedarse en casa. Se vistió de soldado y se coló en el frente hasta que fue descubierta y se centró en ayudar como enfermera en la Cruz Roja. En 1915 volvió a las andadas y su insistencia le valió convertirse en la primera mujer en pilotar un vuelo en misión de combate. Su misión a bordo de un bombardero sobre los cielos alemanes le valdría recibir la Croix de Guerre. 

Después de la guerra, Marie Marvingt trabajó como periodista en el Norte de África donde, además, diseñó unos esquíes metálicos para que los aviones pudieran aterrizar en las arenas del desierto. En aquellos años desarrolló un proyecto que hacía tiempo que rondaba por su cabeza, las ambulancias aéreas. Ya en 1910 había imaginado un avión de alas fijas que estuviera preparado para incorporar una ambulancia en su interior. El proyecto no prosperó por falta de medios económicos pero en la época de entreguerras realizó centenares de conferencias por medio mundo explicando sus ideas acerca de la ayuda sanitaria aérea. Marie participó activamente en la fundación de la organización francesa Los amigos de la Aviación Sanitaria y en el Primer Congreso Internacional de la Aviación Médica en 1929. Dos años después creó un premio para incentivar el desarrollo de los aviones ambulancia. 



Sus ideas se materializaron en 1934 cuando estableció un servició civil de ambulancias aéreas en Marruecos, país que le dio la Medalla de la Paz. En 1935 organizó distintos cursos para formar al personal que debería viajar en aquellos aviones. Toda su gran labor le valió recibir una de las más altas distinciones francesas la de los Caballeros de la Legión de Honor. 

Cuando la Segunda Guerra Mundial volvió a sumir el mundo en el caos, el trabajo de Marie fue de gran utilidad. Además de la aviación sanitaria, Marie trabajó como enfermera quirúrgica y llegó a idear un nuevo tipo de sutura. En 1949 fue ascendida a oficial y en 1955 recibió el premio de la Federación Nacional Francesa de Aeronáutica. Había alcanzado entonces los ochenta años de edad pero lejos de retirarse, aún tuvo energías para aprender a pilotar helicópteros y se le permitió pilotar un avión de combate de la OTAN. Solamente la muerte, que le llegó el 14 de diciembre de 1963, terminó con un espíritu ávido de aventuras y dispuesta a ayudar a los demás. 

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