martes, 2 de enero de 2018

Una mujer soldado en la Gran Guerra, Dorothy Lawrence (1896-1968)






















La presencia de las mujeres en primera línea de batalla no se normalizó hasta bien entrado el siglo XX. Ni durante las dos grandes guerras mundiales, ante la imperiosa necesidad de efectivos en combate, los ejércitos dieron su brazo a torcer ante el interés de muchas mujeres de convertirse en soldados. Empuñar un arma era algo reservado a los hombres, era poco femenino y sólo unas pocas lo habían hecho a lo largo de los siglos. La gran mayoría, disfrazadas de hombre, ocultando su verdadera identidad. Ese fue el caso de Dorothy Lawrence, una mujer de orígenes difíciles que soñó con ser reportera de guerra y terminó excavando túneles en el Somme. 

Los orígenes de Dorothy Lawrence son confusos. Habría nacido el 4 de octubre de 1896 en algún lugar de Inglaterra, las informaciones varían entre Middlesex y Warwickshire. Hija ilegítima de padres desconocidos, Dorothy aseguró siendo ya una mujer adulta, que había crecido bajo la protección de un hombre de iglesia tras la muerte de su madre. Poco o nada más se sabe de sus orígenes. 

El siguiente dato que se tiene de ella la sitúa en Londres donde se ganaba la vida escribiendo artículos para The Times. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, escribió sin éxito a muchos periódicos intentando que la contrataran como reportera de guerra. Las autoridades civiles y militares limitaron mucho las acreditaciones oficiales para trabajar en el frente como periodistas, limitación que aumentó entre las mujeres. 

Ante la imposibilidad de conseguir una autorización que la acreditara como periodista de guerra, intentó, también sin éxito, ingresar en alguna organización sanitaria como la Voluntary Aid Detachment. Lejos de rendirse, cogió sus cosas y se dispuso a marchar a Francia. De nuevo la desdicha llamó a su puerta cuando, estando cerca del frente, en la zona de Senlis, la policía francesa la detuvo y la invitó a regresar a Inglaterra. Dorothy puso rumbo a París donde confraternizó con un grupo de soldados que la ayudó a conseguir indumentaria masculina del ejército británico. Con un corsé para reducir sus pechos, algodón para reforzar sus hombros, desinfectante para oscurecer su rostro y un corte de pelo masculino Dorothy Lawrence se convirtió en el soldado Denis Smith. La transformación se completó con la ayuda de sus nuevos compañeros que le enseñaron a desfilar. 

Dorothy puso rumbo al frente montada en una bicicleta. Cuando estaba llegando a Albert, en la zona del Somme, se topó con Tommy Dunn, un zapador que le encontró trabajo en la 51º División de la Compañía Tuneladora de Ingenieros Reales. Dunn, que conocía la verdadera identidad del soldado Denis, no dudó en protegerla buscándole refugio en una cabaña apartada en la que se escondía para descansar y poderse cambiar sin que sus compañeros pudieran descubrirla, aunque algunos de ellos, como Dunn, también sabían que no era un soldado pero decidieron ser cómplices de su engaño. 

No está claro si Dorothy trabajó excavando túneles en la zona del Somme pero al cabo de unos diez días, su presencia en el frente hizo estragos en su salud. Consciente de que si se presentaba en un hospital su verdadera identidad podía ser desvelada, poniendo así en peligro a sus compañeros que la habían ayudado, decidió entregarse a las autoridades militares. 

Tras la estupefacción que provocó entre los altos mandos, que no se explicaban cómo una mujer se había podido colar tan fácilmente entre sus filas sin despertar sospechas, dudaron si era una espía o una prostituta. O ambas cosas. Lo que tenían claro era que, mientras no supieran la verdadera razón que había llevado a Dorothy a viajar hasta el frente, debía ser recluida en un convento para evitar que su caso saliera a la luz y pudiera convertirse en un ejemplo a seguir por otras mujeres. Bajo amenaza de ser detenida, Dorothy tuvo que prometer que no hablaría de su caso cuando regresara a Inglaterra por lo que tuvo que declinar la oferta que le hizo la sufragista Emmeline Pankhurst de explicar públicamente su experiencia.

Sin embargo, en 1919, cuando la guerra ya había terminado, Dorothy decidió escribir sus memorias. Su libro, titulado Sapper Dorothy Lawrence: The only english woman soldier, no llegó a tener la acogida que esperaba. 

Desde entonces, el destino de Dorothy fue empeorando. Sin nadie que quisiera contratarla como periodista, olvidada por muchos, sin familia, terminó recluida en un sanatorio en 1925 después de asegurar que el clérigo con el que se había criado la había violado siendo una adolescente. Dorothy fue trasladada a distintos centros psiquiátricos en los que permaneció hasta su muerte, en 1968. Nadie reclamó su cuerpo ni lloró su pérdida. Cien años después del fin de la Gran Guerra, el War Imperial Museum de Londres, en su amplia labor por rescatar del olvido la labor de muchas mujeres en el frente, continúa investigando sobre la que se convirtió, aunque fuera por un breve periodo de tiempo, en una mujer soldado en el ejército británico. 

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