sábado, 30 de septiembre de 2017

La marquesa revolucionaria, Sophie de Condorcet (1764-1822)

La Revolución Francesa se llevó a muchos hombres y mujeres que alzaron sus voces en favor de la igualdad, la libertad y la fraternidad. Una de aquellas mujeres, intelectual y salonnière, sobrevivió a las turbulencias revolucionarias y llegó a ser espectadora de primera fila de los acontecimientos posteriores, el Imperio y la vuelta de la monarquía. En sus salones se dieron cita intelectuales, científicos, filósofos, políticos, así como escritoras y defensoras de los derechos de las mujeres. 

Marie-Louise-Sophie de Grouchy nació en 1764 en Meulan. Su padre, François-Jacques, era marqués de Grouchy y su madre, Marie Gilberte Henriette Fréteau de Pény, era una dama intelectual que intentó dar la misma formación a sus hijos e hijas. De la infancia y juventud de Sophie no se sabe prácticamente nada. Jules Michelet, en su recopilación de Mujeres de la Revolución, sólo nos dice que había sido priora en un convento

En 1786, se casó con Marie-Jean-Antoine Nicolas de Caritat, marqués de Condorcet, un filósofo y político francés veinte años mayor que Sophie. La pareja, que tuvo sólo una hija, convirtió su hogar en uno de los principales lugares de reunión intelectual del París previo a la Revolución. Hombres y mujeres de la misma Francia y de otros países, recalaron en el salón de los Condorcet donde madurarían las ideas de los Girondinos. El filósofo Jean le Rond d'Alembert, el economista escocés Adam Smith o el tercer presidente de los Estados Unidos, Thomas Jefferson, fueron algunos de los nombres ilustres que asistieron a sus veladas intelectuales. 

Defensora de las ideas feministas que empezaban a madurar en aquellos años, la marquesa de Condorcet abrió las puertas de su casa a mujeres de la talla de Olympe de Gouges o Germaine de Staël




Cuando en 1793 el marqués de Condorcet denunció abiertamente la deriva radical que estaban tomando los jacobinos tuvo que esconderse para no ser detenido en el nuevo y dramático periodo que acababa de empezar y que fue bautizado con el elocuente nombre de "El Terror". Animado por su esposa y amigos, Condorcet escribió en los ocho meses que duró su encierro voluntario algunas de sus obras más famosas. Pero el marqués empezó a inquietarse por los rumores que le llegaban a su escondite y decidió huir. Una decisión que fue fatal para él pues fue detenido y falleció en prisión aquella misma noche, 29 de marzo​ de 1794.

Sophie de Condorcet era una joven viuda de treinta años, con una hija de cuatro años, arruinada y metida en la vorágine de la revolución. Así que tuvo que dejar de lado su labor intelectual y abrió una tienda para poder salir adelante.

En 1798 ya había podido retomar la pluma y escribió su obra más conocida, Lettres sur la Sympathie, que publicó junto a la traducción francesa de la Teoría de los Sentimientos Morales de Adam Smith. Sophie trabajó duro para recuperar la obra de su marido y, junto a otros intelectuales de su tiempo, publicó las obras completas del marqués de Condorcet. Sophie reabrió también el salón intelectual que pronto recuperó su esplendor inicial de los tiempos de antes de la época revolucionaria, pero esta vez en los nuevos tiempos del Consulado y el Imperio napoleónico. Parece ser que en un encuentro con Napoleón, a un comentario machista de éste, "no me gustan las mujeres que se entrometen en política", ella le contestó: "¡ay! mi general, ya que los hombres tienen el capricho de cortar nuestras cabezas, estamos interesadas en saber por qué lo hacen". 

Sophie de Condorcet sobrevivió a todos los grandes acontecimientos de su tiempo, la Revolución Francesa, el Convención, el Directorio y el Imperio de Napoleón. Como esposa y como viuda del marqués de Condorcet, fue una fiel defensora de sus ideales y se convirtió en una intelectual respetada que mantuvo vivo su salón hasta su muerte, el 8 de septiembre de 1822, en plena restauración borbónica.  

 Si quieres leer sobre ella 

Mujeres de la Revolución, Jules Michelet

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