martes, 15 de noviembre de 2016

La comadrona y el muñeco, Angélique du Coudray (1712-1794)

En la agónica Francia de los últimos tiempos del Antiguo Régimen, las élites médicas amenazaban con hacer desaparecer el ancestral trabajo de las comadronas. Los médicos empezaron a invadir el único ámbito de la medicina en el que las mujeres habían sido durante siglos protagonistas. Las parteras no se quedaron de brazos cruzados y reivindicaron la necesidad de obtener una formación y titulación oficial como los cirujanos que empezaban a invadir sus competencias. Angélique du Coudray destacó no sólo por haber sido una reputada partera en París. A instancias del rey Luis XV, viajó por toda Francia para enseñar a miles de mujeres, y también a un buen puñado de médicos y cirujanos, las técnicas básicas del arte de partear. Y lo hizo utilizando un rudimentario útero y muñeco de trapo. 

Angélique Marguerite Le Boursier du Coudray nació en 1712 en Clermond-Ferrand en el seno de una familia de reputados médicos. Ella misma se formó en el ámbito sanitario y en 1740, después de varios años de formación, superó los exámenes de la École de Chirurgie. En aquel tiempo, las comadronas estaban viendo como su labor y su formación estaba siendo puesta en entredicho, por lo que fue la propia Angélique que puso una queja formal en la Facultad de Medicina de la Universidad de París. No sólo se aceptó su queja sino que la joven aprendiz de comadrona fue aceptada como maestra. Sin embargo las cosas continuaban complicándose con el auge de los cirujanos en el ámbito de la ginecología y la obstetricia. Angélique volvió a poner una queja formal. Poco después fue nombrada partera jefe del Hôtel Dieu de París y se convirtió en una reputada figura en la capital francesa. En aquellos años, además de velar por la formación de las parteras, escribió una suerte de manual para ellas, Abrégé de l’art des accouchements (Compendio del arte de partear), publicado en 1759. 



Dado su profesionalidad y reputación, el rey Luis XV, preocupado por la alta mortalidad de recién nacidos en la época, decidió encargarle una importante labor educativa a lo largo y ancho del país. Así, entre 1760 y 1783 viajó por las ciudades y sobretodo zonas rurales más alejadas de Francia para enseñar a miles de mujeres el arte de partear. Algún que otro médico y cirujano asistió también a sus clases. 



Para que sus lecciones fueran más efectivas, y dado que la práctica con seres humanos no era lo habitual, Madame du Coudray inventó un muñeco de trapo que consistía en un bebé metido en un útero. Aquel maniquí que se movía siguiendo el proceso del parto, fue tan efectivo que se fabricaron varias réplicas. Hubo incluso polémica acerca de la autoría de dicho artilugio, polémica que zanjó la Academia Francesa de Cirujanos que certificó que era Madame du Coudray y no un tal William Smellie, quien había ideado el maniquí. 



Con la llegada de la Revolución Francesa, Madame du Coudray continuó con su labor como partera hasta que falleció el 17 de abril de 1794, en plena época del Terror. 

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