miércoles, 23 de marzo de 2016

La hermosa sufragista, Inez Milholland (1886-1916)

El 3 de marzo de 1913 ocho mil mujeres marcharon por la Avenida Pensilvania de Washington para reivindicar el sufragio femenino. A la cabeza de aquellas mujeres, una hermosa amazona portando una corona y una larga capa blanca, cabalgaba orgullosa de abanderar un hito histórico. Inez Milholland se había convertido en una de las sufragistas más beligerantes por la causa que por su belleza se convirtió en la imagen visible de las distintas manifestaciones que se realizaron en los Estados Unidos a principios del siglo XX. Pero además de tener una cara bonita, Inez Milholland era una mujer inteligente y con una energía imparable que dedicó toda su vida a causas como el sufragio femenino y la defensa de los derechos de los más desfavorecidos. 

Inez Milholland nació el 6 de agosto de 1886 en el barrio neoyorquino de Brooklyn. Era la mayor de tres hermanos. Su padre, John Elmer Milholland, era un reportero del New York Tribune, además de editor y empresario. Uno de sus negocios, relacionados con la venta de tubos pneumáticos, permitió a su familia vivir holgadamente. John se implicó en muchos movimientos sociales que reivindicaban reformas en cuestiones como los derechos civiles o el sufragio femenino. Su madre, Jean Torrey fue una mujer avanzada a su tiempo, que ofreció a sus dos hijas y a su hijo, una educación abierta y un hogar en el que el acceso al conocimiento y la cultura era el mismo para hombres y mujeres. 

Inez inició sus estudios en el Comstock School de Nueva York, que continuó en Londres, en el Kensington Highschool for Girls, cuando su familia se trasladó a vivir a la capital inglesa. Cuando Inez quiso acceder a la universidad, escogió la prestigiosa institución femenina Vassar. Pero el centro no aceptó su titulación obtenida en Inglaterra por lo que sus padres decidieron enviarla al Wilard School for Girls de Berlín para obtener un diploma que le abriera las puertas de Vassar, algo que consiguió en 1905. Los cuatro años que pasó en la universidad neoyorquina se convirtió en una de sus estudiantes más prolíficas, conocidas y controvertidas. 




Además de ser una muchacha incansable, que participó en algunos de los equipos deportivos del campus, como el de hockey o basquet y formó parte de distintas obras de teatro, Inez introdujo en las aulas los principios de los movimientos sociales y sufragistas. Durante unas vacaciones, Inez había viajado de vuelta a Londres donde entró en contacto con los movimientos sufragistas ingleses. El carisma de Emmeline Pankhurst y su Unión Social y Política de las Mujeres (Women's Social and Political Union) marcaron a la joven Milholland que se unió a las sufragistas inglesas en alguno de sus actos. 

De vuelta a Vassar, entusiasmada por lo que había visto y vivido en Londres, decidió organizar en el campus un movimiento sufragista siguiendo la estela de las defensoras del derecho al voto femenino inglesas. Como en la universidad estaba totalmente prohibido cualquier organización reivindicativa de ese tipo, Inez, lejos de amedrentarse, decidió continuar con su proyecto de manera clandestina. Acompañada de una cincuentena de estudiantes, organizó las reuniones en un cementerio cercano al campus. De ahí nacería el Vassar Votes for Women Club




Después de su graduación en 1909, Inez Milholland hizo su primera aparición pública durante la campaña presidencial de William Howard Taft. En un punto del desfile, Inez cogió un megáfono y desde la ventana de un edificio empezó a gritar consignas en favor del sufragio femenino. Aquel mismo año intentó ingresar sin éxito en Yale, Harvard y Columbia, donde fue rechazada por ser mujer. Así que inició sus estudios de derecho en la New York University of Law, donde se graduó en 1912. En los años de estudio, se comprometió con diversos grupos de activismo social y participó en distintas huelgas de trabajadores, llegando a ser detenida en alguna ocasión.

Miembro de varias organizaciones sociales y sufragistas, Inez Milholland se implicó con gran entusiasmo en el National Woman's Party, una escisión de la National American Sufrage Association iniciada por Alice Paul y Lucy Burns, con quienes trabajó codo con codo en aquellos años. Inez compaginó su lucha social con un trabajo de abogado en un bufete de Nueva York. 




El 7 de mayo de 1911 Inez Milholland participó en la primera manifestación en favor del sufragio femenino como abanderada del mismo, algo que repetiría en los años siguientes. Su aparición más conocida fue sin duda durante la multitudinaria manifestación del 3 de marzo de 1913 en la que su figura brilló espléndida a la cabeza del desfile reivindicativo. 

Aquel mismo año, y después de algún romance malogrado, Inez Milholland se casó con Eugen Jan Boissevain, un holandés al que había conocido pocos meses antes. Inez no cayó en la cuenta que según las leyes de su país, las mujeres que se casaban con un extranjero perdían automáticamente la nacionalidad norteamericana y adoptaban la del cónyuge. Un matrimonio que no dio la felicidad a Inez, quien mantuvo relaciones con otros hombres distanciándose pronto de su marido. 




Con el inicio de la Primera Guerra Mundial, Inez decidió viajar a Europa donde inició una breve pero intensa carrera como corresponsal de guerra publicando para el Tribune. Sus textos antibelicistas fueron la razón de su expulsión de Italia pero ella siempre creyó que la habían devuelto a América por su condición de mujer, algo que la sumió en una profunda depresión. Aún así, en 1915 volvió a enrolarse en un barco organizado por Henry Ford en favor de la paz, pero en Estocolmo decidió regresar a casa. 

Un año después, inició un tour por los estados del oeste participando en encuentros y actos del National Woman's Party. Pero pronto tuvo que abandonar sus actividades como sufragista por culpa de una anemia que la había dejado exhausta. El 22 de octubre de 1916, en medio de un discurso en Los Ángeles se desmayó. Fue trasladada rápidamente al Good Samaritan Hospital donde fallecería el 25 de noviembre de 1916 con tan sólo treinta años de edad. 




Atrás dejaba una vida de lucha en defensa de los derechos civiles de niños, pobres, inmigrantes y mujeres. Un alma incansable que no pudo ver cómo las mujeres podían depositar su voto en las urnas. Sus últimas palabras antes de desfallecer fueron: "Señor Presidente, ¿cuánto más tendremos que esperar las mujeres para alcanzar la libertad?".


 Película que habla de ella 


Ángeles de hierro

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