sábado, 14 de febrero de 2015

El ángel custodio, Rafaela Ybarra de Vilallonga (1843-1900)

Rafaela Ybarra fue una mujer privilegiada que nació en una familia de la alta sociedad bilbaína y se casó con un rico industrial catalán. Rafaela estaba destinada a tener una vida regalada pero decidió, por propia voluntad, dedicar su tiempo y parte de la fortuna familiar en ayudar a los más necesitados. Mujer de profunda piedad, fue una madre abnegada que llevó una vida cercana a la santidad. No en vano, Rafaela Ybarra, fundadora de la Congregación de los Ángeles Custodios, institución de ayuda a los necesitados, fue beatificada por Juan Pablo II y en la actualidad se encuentra en proceso de canonización.

Rafaela María de la Luz Estefanía de Ybarra y Arámbarri nació el 16 de enero de 1843 en Bilbao en el seno de una familia de la alta sociedad bilbaína. Su padre, Gabriel Ybarra, era uno de los principales industriales del País Vasco que se había enriquecido con el negocio floreciente de los altos hornos. Su madre, María del Rosario de Arámbarri, era una ferviente católica que transmitió a su hija sus creencias religiosas. 

Rafaela fue una joven feliz, que vivió una infancia y una adolescencia alejada de cualquier carencia y necesidad. Aún así, pronto fue consciente de la pobreza que existía en las calles de la ciudad, sobretodo fijándose en las mujeres desarraigadas. Rafaela no dio la espalda a aquel mundo de desfavorecidos y empezó a realizar obras de caridad. 

Con tan sólo dieciocho años se casó enamorada de José de Vilallonga, un industrial catalán que había empezado a hacer negocios con el que se convertiría en su suegro. La boda se celebró el 14 de septiembre de 1861. A pesar de que José de Vilallonga tenía veinte años años más que Rafaela, aquel fue un matrimonio feliz, basado en el mutuo amor y sobre todo en el mutuo respeto. La pareja tuvo siete hijos, de los cuales dos no sobrevivieron y uno sufrió una terrible parálisis. Rafaela se hizo cargo también de cinco sobrinos suyos al morir la madre de los pequeños.

Mujer de gran piedad, Rafaela decidió vivir una profunda existencia religiosa y, con la ayuda de su fiel confesor, se dedicó en cuerpo y alma a ser una perfecta católica. Pero siempre sin olvidarse del mundo que la rodeaba. Rafaela fue muy sensible a los problemas de los obreros de las fábricas de su familia. En concreto sufría por las niñas y jóvenes expuestas a muchos más peligros y en ellas se volcó para protegerlas. Primero acogiendo a las muchachas que encontraba en la calle en su propio hogar hasta que decidió crear espacios destinados a ellas. Con la ayuda de otras mujeres voluntarias, Rafaela Ybarra fundó instituciones como la Casa  Asilo de la Sagrada Familia. 

Pero la gran obra de Rafaela Ybarra fue sin duda la fundación de la Congregación de los Ángeles Custodios. La idea inicial fue un piso abierto el 8 de diciembre de 1894 en el que ella y tres mujeres más, se comprometieron a acoger y cuidar a niñas desarraigadas. Aquel sería el inicio de una congregación que en la actualidad cuenta con más de treinta casas repartidas por España y América.

Seis años más tarde, cuando su gran proyecto estaba aún tomando forma, Rafaela Ybarra fallecía. Fue el 23 de febrero de 1900. Tenía cincuenta y siete años. Ochenta y cuatro años después, el 30 de septiembre de 1984, el papa Juan Pablo II beatificaba a Rafaela Ybarra y se iniciaba su proceso de santificación.

 Si quieres leer sobre ella 


El jardín de los tilos
Jose Luis Olaizola

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