jueves, 9 de octubre de 2014

El ratón blanco, Nancy Wake (1912-2011)

En la Segunda Guerra Mundial, la resistencia jugó un papel muy importante en la Francia ocupada. Entre sus miles de miembros, conocidos como maquis, una mujer se convirtió en una auténtica pesadilla para la Gestapo, quien puso un altísimo precio a su cabeza y torturó hasta la muerte a su marido para intentar, sin éxito, descubrir su paradero. Nancy Wake era tan escurridiza, que los nazis la apodaron “el ratón blanco”.

Nancy Grace Augusta Wake nació el 30 de agosto de 1912 en la ciudad neozelandesa de Roseneath, donde tan sólo vivió dos años. En 1914, sus padres y sus cinco hermanos mayores, se mudaron a vivir a Sidney donde tiempo después, su padre abandonaría a su esposa. Ella Wake, la madre de Nancy, tuvo entonces que hacerse cargo sola de sus seis hijos.

Después de recibir sus estudios básicos en la North Sidney Girls School, Nancy inició un largo periplo tras huir de su casa con tan sólo dieciséis años. Primero trabajó como enfermera y poco después, tras recibir una herencia de doscientas libras de su tía, se fue a vivir a Nueva York y Londres. Nancy estudió periodismo y empezó a trabajar como corresponsal de varios rotativos. Corrían los años treinta y Nancy, como periodista, fue testigo de primera mano del ascenso del nazismo. 

Nancy fijaría su residencia en Marsella al contraer matrimonio con Henri Edmond Fiocca, un rico industrial francés. Nancy y Henri, que se casaron en 1939, disfrutaron de un corto periodo de paz pues pronto el segundo gran conflicto bélico del siglo XX empezaba a extender sus sombras por Europa. 




Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial empezó la valiente tarea de Nancy dentro de la resistencia en Francia. Tal fue su efectividad junto a los maquis que la Gestapo, quien la apodó “El ratón blanco”, la colocó entre las personas más buscadas y llegó a ofrecer cinco millones de francos por ella. Pero, a pesar de que la espía no cayó nunca en las redes nazis, pagaría un alto precio por su lucha en la sombra contra Alemania. En octubre de 1943, su marido fue detenido por la Gestapo. Después de torturarlo con el fin de sonsacarle el paradero de su mujer, sin ningún éxito, fue ejecutado. Nancy no supo de la muerte de Henri, quien fue fiel a su esposa hasta el final, hasta que la guerra no hubo terminado.

En aquel año, el grupo de Nancy había sido traicionado y ella había conseguido huir a través de los Pirineos y viajar hasta Inglaterra, donde no se rindió y continuó luchando. Unida a la Dirección de Operaciones Especiales, Nancy volvía a Francia saltando en paracaídas donde, en los últimos meses de la guerra, antes del desembarco de Normandía, realizó tareas de sabotaje de las comunicaciones alemanas y sirvió de enlace entre Londres y la resistencia francesa. 

Finalizada la guerra, Nancy Wake recibió todo tipo de condecoraciones, entre ellas la Medalla de la Libertad de los Estados Unidos, la Medalla de la Resistencia y la Cruz de Guerra.

Después de pasar unos años en Sidney, donde intentó sin éxito dedicarse a la política, y tras casarse de nuevo, esta vez con el expiloto australiano John Melvin Forward, se retiró a vivir a Port Macquaire donde estuvo hasta la muerte de su segundo marido en 1997.

En los últimos años de su vida siguió recibiendo reconocimientos, como el título de Caballero de la Legión de Honor, en 1970, o Compañero de la Orden de Australia, en 2004.
En 1985, Nancy Wake plasmó su trepidante existencia en su propia autobiografía que tituló El ratón blanco, un libro que tuvo mucho éxitos de ventas.

El 7 de agosto de 2011, el cuerpo de esta mujer valiente, que luchó por la libertad, se apagaba en el Hospital Kingston de Londres. Sus restos mortales incinerados, según su propio deseo, fueron esparcidos en Montluçon, una de las zonas francesas en las que Nancy había actuado como una de las espías más competente de la Segunda Guerra Mundial.

 Si quieres leer sobre ella 


The white mouse, autobiografía de Nancy Wake








Nancy Wake, Peter FitzSimons







Heroínas de la Segunda Guerra Mundial
Kathryn J- Atwood

1 comentario:

  1. A ver si lo encuentro en castellano, me parece super interesante =)

    Besotes

    ResponderEliminar