martes, 17 de junio de 2014

La primera gran tenista, Charlotte Cooper (1870-1966)

Charlotte Cooper, con su imagen esbelta y elegante, vestida con largos trajes a la moda victoriana, cosechó a lo largo de su extensa carrera como deportista un gran número de títulos, entre ellos, alzarse como la primera mujer en la historia en ganar unos Juegos Olímpicos. Algo poco habitual, pues a principios del siglo XX eran pocas las féminas que practicaban algún deporte de manera profesional y las menos las que alcanzaban un rango de élite. Pero Charlotte inició un largo camino de éxitos para muchas deportistas en general y tenistas en particular que, con el paso del tiempo, demostraron que el sexo débil también era capaz de batir marcas y ganar en unas olimpiadas. 

Charlotte Reinagle Cooper Sterry nació el 22 de septiembre de 1870 en Ealing, Inglaterra. Charlotte, conocida cariñosamente como “Chattie”, era la hija pequeña de un molinero llamado Henry Cooper y su esposa Teresa Georgiana Miller. 

Charlotte aprendió a jugar a tenir en el club de tenis de su localidad natal. A los veintidós años ganó el primero de la que sería una larga lista de premios. Dos años después ganaba su primer título de individuales en Wimbledon, repitiendo en 1896 y 1898. Pero su mayor logro llegaría en las olimpiadas de París de 1900, las primeras en las que las mujeres pudieron participar. Charlotte se convirtió en la primera mujer en la historia en ganar un premio olímpico.



En 1901, el mismo año que conseguía ganar en Wimbledon por cuarta vez, Charlotte se casaba con el abogado y tenista Alfred Sterry que con el tiempo sería nombrado Presidente de la Lawn Tennis Association. Charlotte apartó por un tiempo su faceta de deportista. En 1903 nacía su primer hijo, Rex, y dos años después Gwen, ambos muy vinculados con el mundo del tenis a lo largo de su vida. 

Después de un pequeño paréntesis dedicado a su familia, en 1908 y con treinta y siete años de edad, Charlotte volvía a Wimbledon para ganar de nuevo. Amante del deporte y deportista incansable, Charlotte no dejó de jugar y conseguir premios hasta los cincuenta años. Cuando su cuerpo ya no acompañó aquel espíritu incansable, la tenista se retiró a vivir una vida tranquila hasta los noventa y seis años. Charlotte Cooper fallecía el 10 de octubre de 1966 en Helensburgh, Escocia.

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