domingo, 11 de mayo de 2014

La santa de Auschwitz, Edith Stein (1891-1942)

La vida de Edith Stein supone un ejemplo de valentía, integridad y grandeza. Monja carmelita de origen judío, filósofa, feminista, Edith Stein dedicó su vida al análisis de grandes pensadores, entre ellos Kant, Tomás de Aquino o San Juan de Cruz, de la mano de su mentor, Edmund Husserl. A pesar de haber perdido su fe en la adolescencia, fue el testimonio de Santa Teresa de Jesús lo que iluminó su corazón y guió sus pasos hacia el credo católico y la vida religiosa. Convertida en Sor Teresa Benedicta de la Cruz, Edith vivió los oscuros tiempos del inicio del nazismo con abierta indignación. Denunció públicamente el silencio del Vaticano y criticó sin tapujos el antisemitismo que empezaba a propagarse como la pólvora por Europa. Un testamento escrito en 1939 de su puño y letra parecía presagiar su trágico final en Auschwitz. Décadas después, el papa Juan Pablo II la elevaría a los altares de la santidad.

Una joven filósofa
Edith Stein nació el 12 de octubre de 1891 en la ciudad alemana de Breslau en el seno de una familia judía. su padre, un vendedor de maderas, falleció cuando ella apenas tenía dos años y su madre tuvo que hacerse cargo del negocio familiar y de su amplia prole, pues Edith era la pequeña de once hermanos. 

A pesar de que su madre era una mujer profundamente devota, no consiguió transmitir ese fervor religioso a sus hijos. En concreto, la pequeña Edith pronto se alejó de la religión y empezó a prestar atención a la filosofía.

Edith Stein fue una estudiante ejemplar. Tras finalizar sus estudios básicos, empezó a estudiar germanística e historia en la Universidad de Gotinga. Pronto se sintió atraída por el filósofo Edmund Husserl, de quien se hizo una de sus más fieles discípulas.

El estallido de la Primera Guerra Mundial supuso un paréntesis en su vida de estudiante. Se formó en principios básicos de enfermería y ejerció como tal en un hospital militar austríaco.

Pero terminada la contienda, Edith siguió a Husserl a Friburg donde terminó su carrera y se doctoró “summa cum laude” con una tesis titulada “Sobre el problema de la empatía”. Esta sería la primera de una amplia lista de obras filosóficas.

Una iluminación divina
En 1921, Edith realizó una visita a Hedwig Conrad-Martius, otra discípula de Husserl, en su casa de Bergzabern. Aquella visita, que en principio no debería tener más importancia, fue determinante en la vida y el destino de la joven filósofa. En la biblioteca de Hedwig se topó con la autobiografía de Santa Teresa de Jesús que leyó con gran apasionamiento. Ella, que se había alejado de la vida religiosa y había dedicado su vida académica a la filosofía, tuvo una revelación gracias a la santa de Ávila.

En enero de 1922, Edith Stein se bautizaba arropada por Hedwig, quien ejerció de madrina, y un mes después confirmaba su fe en Cristo.

Su nueva fe no fue incompatible con su obra filosófica, simplemente modificó el rumbo de sus pensamientos. En esta nueva etapa de su vida, Edith Stein se sumergió en la obra de Santo Tomás de Aquino y Duns Escoto. De todo aquel estudio, unido al bagaje intelectual anterior, nacería su gran obra filosófica, Ser infinito y Ser eterno. En aquellos años vivió dedicada a la escritura y a dar conferencias sobre pensamiento y también sobre la mujer, pues Edith Stein fue también una gran defensora de la igualdad de sexos.

Sor Teresa de la Cruz
En 1933 viajaba a su Breslau natal para despedirse de su madre. Había tomado una decisión que cambiaría para siempre su destino, tomar los hábitos. El 14 de octubre de 1933, cuando acababa de cumplir los cuarenta y dos años, entraba en el monasterio de las Carmelitas de Colonia. Meses después, el 14 de abril de 1934, Edith Stein se convertía en Sor Teresa Benedicta de la Cruz. 

Años después, con el advenimiento del nazismo, la vida de Sor Teresa se puso en peligro. Tiempo atrás ya había advertido al propio Vaticano, de la necesidad de frenar la barbarie que se iba a cernir sobre las tierras europeas. Fue en vano. 

A pesar de ser monja católica, sus orígenes judíos la convertían en blanco fácil para los nazis. Conscientes de ello, sus compañeras del convento de Colonia la ayudaron a cruzar la frontera. Fue a fines del año 1938. Poco después llegaba al convento de Carmelitas de Echt, en Holanda. A pesar de que aquellos territorios aún estaban a salvo de la amenaza alemana, en junio de 1939, Sor Teresa escribía su propio testamento. También dedicó su tiempo a escribir un ensayo sobre San Juan de la Cruz.

En mayo de 1940, los alemanes ocupaban Holanda. Dos años después la Gestapo entraba en el convento de Echt donde fueron detenidas Sor Teresa y su hermana Rosa que se había unido a ella tiempo atrás.

Primero fueron trasladadas al campo de concentración de Westerbock pero su destino final, como el de miles y miles de judíos, sería el temible campo de exterminio de Auschwitz. El 9 de agosto de 1942, Sor Teresa de la Cruz, era asesinada en una cámara de gas junto a su hermana y otros inocentes. 

En 1962 se iniciaba su proceso de beatificación que concluyó el 1 de mayo de 1987, cuando Juan Pablo II la beatificó. El 11 de octubre de 1998, el mismo pontífice canonizaba a la desde entonces Santa Teresa Benedicta de la Cruz y poco después la declaraba co-patrona de Europa. Su fiesta se celebra el 9 de agosto, aniversario de su muerte.

Sor Teresa Benedicta de la Cruz demostró ser una mujer valiente, inteligente pero por encima de todo, una mujer consecuente con sus decisiones. Tras su muerte nos legó su amplia obra filosófica y su precioso ejemplo de vida. 

1 comentario:

  1. Interesantísima la historia de esta gran mujer. Gracias por compartir.

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