viernes, 4 de abril de 2014

La pionera, Elinore Pruitt (1876-1926)

En la América de finales del siglo XIX, fueron muchos los hombres y mujeres que viajaban hacia las tierras desconocidas aún del continente para buscar una nueva oportunidad. La gran mayoría fueron gentes anónimas pero una de ellas, en concreto una mujer, dejó constancia de su aventura en unas cartas que terminaron publicándose. Esa mujer, Elinore Pruitt, fue una mujer extraordinaria, con una infancia difícil y una situación personal complicada. Problemas que no le impidieron dejar nunca de luchar. Con un espíritu positivo y emprendedor, Elinore se fue con su hija a explorar el mundo y terminó convirtiéndose en una de las pioneras más famosas de la historia de los Estados Unidos.

Elinore Pruitt nació en Fort Smith, Arkansas, el 3 de junio de 1876. Su infancia transcurrió en Oklahoma, en un territorio indio, donde Elinore pudo estudiar durante muy poco tiempo. Su vida dio un giro inesperado cuando con catorce años vio morir a sus padres en un breve periodo de tiempo y tuvo que hacerse cargo de sus ocho hermanos pequeños con la ayuda de su abuela. 

Años después Elinore se casó con un hombre mayor que ella con el que tuvo una hija, Jerrine. No queda muy claro si Harry Rupert, su marido, falleció antes o después de ella divorciarse. Lo cierto es que en 1906, Elinore se llevó a su hija y a dos de sus hermanas a vivir a Denver. En su nuevo destino, Elinore trabajaba de cocinera y ganaba lo justo para sobrevivir y mantener a Jerrine y sus hermanas. Por eso, no dudó en responder al anuncio de un granjero de Wyoming, Clyde Stewart que buscaba una ama de llaves para su propiedad. 

Empezaba entonces la gran aventura de Elinore a la frontera. Ella y su hija llegaron a Wyoming en abril de 1909. Poco después adquirió 160 acres de tierra colindante a las propiedades del señor Clyde.

Elinore encontró en aquellas tierras inhóspitas por colonizar su vida y su destino. Con el tiempo, Elinore terminaría casándose con Clyde, con el que formó una familia de cuatro hijos, además de Jerrine, la hija de Elinore.

Elinore Pruitt Stewart falleció el 8 de octubre de 1933 pero su vida quedó inmortalizada gracias a sus propias palabras. Desde el oeste, Elinore no quiso perder el contacto con una antigua patrona de Denver, la señora Juliet Coney, a la que escribía asiduamente explicándole totas las peripecias y curiosidades de su nueva vida. A pesar de no haber podido estudiar todo lo que hubiera querido, las cartas de Elinore eran textos muy bien escritos en los que abría su corazón y relataba su existencia con sensibilidad y frescura. Consciente del talento de su antigua empleada, Juliet Coney la animó a publicar sus escritos. Primero aparecieron de manera independiente en la publicación Atlantic Monthly pero su gran aceptación terminaron convirtiéndolas en libros. 

Elinore y sus cartas pasaron así a la historia de la conquista del oeste como un preciado testimonio de vida. 

 Si quieres leer sobre ella 

Cartas de una pionera
Elinore Pruitt



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