martes, 26 de marzo de 2013

Nuestra señora de la Revolución, Teresa Cabarrús (1773-1835)

La Revolución Francesa, uno de los momentos históricos más trascendentales para la historia de Europa, estuvo dirigido y protagonizado, como la mayoría de hechos pasados, por hombres. O al menos así nos lo ha querido hacer creer la historia. Pero lo cierto es que las mujeres jugaron un papel muy importante, si no trascendental en la caída del Antiguo Régimen. Desde aquellas que marcharon hasta Versalles reclamando la presencia de la familia real en París, hasta la asesina de Marat, Charlotte Corday, pasando por otros nombres propios como las que podemos considerar primeras feministas de los tiempos modernos, Olympe de Gouges o Mary Wollstonecraft. Todas ellas se han quedado en un segundo sino inexistente plano en los libros que relatan los hechos revolucionarios, a excepción quizás de la reina, María Antonieta. Una de aquellas mujeres, de la que hoy repasamos si biografía, no sólo fue protagonista de la revolución sino que su papel en la sombra fue determinante en algún momento de aquellos años violentos. Teresa Cabarrús, que ese era su nombre, fue una mujer de carácter, de origen español, que supo jugar bien sus cartas en el tablero de la revolución y movió algunos de sus hilos más importantes. 

Una española en París
Juana María Ignacia Teresa Cabarrús y Galabert nació el 31 de julio de 1773 en Madrid. Teresa fue la única hija de Antonia Galabert y Francisco Cabarrús, fundador del Banco de San Carlos, origen del actual Banco de España. Pertenecientes a la alta sociedad española, la familia de Teresa delegó su educación en nodrizas y monjas. 

A sus doce años, convertida en una bella jovencita casadera, su padre decidió alejarla de peligrosos pretendientes de baja alcurnia y trasladarla a París para encontrar allí un buen partido de alta cuna. Corría el año 1785 y Francia aun no era consciente del huracán revolucionario que estaba por venir. Ajenos a la problemática social, la aristocracia parisina con la que Teresa tuvo que convivir, se divertía rodeada de lujos. 

La pequeña Teresa no tuvo problemas en adaptarse a una nueva vida de fiestas y libertad una vez superada la separación de su familia. Su madre, quien la acompañó en su viaje a lo desconocido, volvió a su España natal dejando a su hija al cargo de una dama viuda llamada madame Boisgeloup. 

A pesar de que Teresa tendría desde entonces hasta el final de sus días una larga lista de amantes y maridos, el primero de ellos dejó una fuerte impronta en ella. Fuera por su juventud, fuera por su inexperiencia en los asuntos del amor, lo cierto es que Teresa se enamoró perdidamente de Jean-Alex Laborde. Los jóvenes, impulsivos e impetuosos, quisieron casarse al poco tiempo. Pero Francisco Cabarrús no había enviado a su pequeña lejos de su hogar para que volviera casada con un don nadie. Así que, sin tener en cuenta los sentimientos de la desdichada pareja, hizo todo lo posible para separarlos. 

Posiblemente aquello precipitó la elección del primero, que no el último, marido de Teresa. La elección del banquero español recayó en Jean-Jacques Devin de Fontenay, marqués de Fontenay, miembro del Parlamento de París y doce años mayor que Teresa. La boda, celebrada el 21 de febrero de 1788, fue el inicio de un matrimonio con muy poco futuro. 

El 2 de mayo de 1789, los marqueses de Fontenay tendrían a su primer y único hijo, Devin Théodore. En aquel tiempo, a las puertas de la revolución, Teresa vivía la vida como marquesa anfitriona de espléndidas fiestas y veladas y como marquesa amante de distintos hombres. 

Nuestra Señora del Buen Socorro
Jean - Lambert Tallien
Cuando el 14 de julio los parisinos tomaban la Bastilla, empezaba uno de los episodios más convulsos de la historia de Francia. El marqués de Fontenay, consciente del peligro que acechaba y lejos de querer convertirse en un mártir de la caduca aristocracia, decidió huir de París. Teresa también dejó aquella capital en llamas otrora centro de la luz y la alegría de vivir, para unos pocos. Los marqueses de Fontenay cogieron distintos caminos tras solicitar el divorcio. Teresa se refugió en casa de unos tíos en Burdeos junto a su hijo Théodore. Allí fue testigo de la peligrosa evolución de los hechos revolucionarios. 

El 13 de julio de 1793 era asesinado Marat, el jacobino amigo del pueblo por una joven girondina, Charlotte Corday  y los acontecimientos se precipitaban. Con el poder en manos de Maximilien de Robespierre, empezaba uno de los periodos más sangrientos de la revolución. No en vano, los hechos acaecidos entre septiembre de 1793 y la primavera de 1794 fueron llamados la época del Terror. 

El conocido como el Incorruptible utilizó la guillotina para iniciar un tiempo de auténtico exterminio de todo aquel contrario a la revolución. La fina hoja de la Louisette llegó hasta los rincones más escondidos de Francia. Y por supuesto Burdeos no se libró. Y por supuesto, la marquesa de Fontenay tampoco. Teresa, esposa de un aristócrata huido, en concreto a la lejana Martinica, fue detenida y condenada a morir guillotinada. 
Maximilien de Robespierre

Pero la suerte no abandonó a Teresa. La Convención Nacional, con Robespierre y su Louisette a la cabeza, había distribuido por todo el territorio comisarios para vigilar que la ley del Terror del Incorruptible se cumpliese a rajatabla. A Burdeos fue enviado Jean-Lambert Tallien, un joven de 24 años ferviente seguidor de la política sanguinaria de Robespierre. A pesar de sus convicciones políticas jacobinas, Tallien no pudo evitar enamorarse de la bella marquesa. Su amor le llevó a librar sin condiciones a Teresa de una muerte segura. 

El ciego amor de Tallien hacia Teresa, el cual, por otro lado no queda claro que fuera del todo correspondido, fue la razón de la moderación de sus detenciones y enjuiciamientos masivos. Teresa Cabarrús se convertía entonces para el pueblo de Burdeos en Nuestra Señora del Buen Socorro, apelativo que se ganó por la ayuda prestada a todo aquel que llamaba a su puerta para pedir clemencia y librarse de la fina hoja de la guillotina. 
Josefina Bonaparte

El 24 de marzo de 1794, Jean-Lambert Tallien ascendía a Presidente de la Convención. El nuevo papel de Tallien y la fama de su clemente esposa llegaron a oídos del temido Robespierre quien no dudó en situarlos en su lista de enemigos de la patria. Mientras su esposo era reclamado para personarse ante un tribunal en París, Teresa volvió a prisión. En su reclusión de Carmes, entre otras muchas personas condenadas a la guillotina, Teresa conoció a una criolla que respondía al nombre de Marie Josèphe Rose Tascher de la Pagerie quien, andando el tiempo se convertiría en la emperatriz de Francia como Josefina Bonaparte. Teresa y Rose, como se conocía en aquel momento, iniciaron una amistad que se prolongaría más allá de los muros de la prisión. Y es que de nuevo la suerte se puso del lado de Madame Tallien en el último momento. En un acto desesperado, Teresa envió una carta a su marido apelando a la cobardía del mismo por no hacer nada en favor de la vida de su propia esposa. 

Nuestra Señora de Thermidor
Una vez más, Teresa despertó la valentía de su marido quien reaccionó no sólo liberando a su esposa sino a todo el país del yugo del Incorruptible. El 9 de Thermidor del año II del calendario revolucionario, el 27 de julio de 1794, Tallien daba un golpe de efecto denunciando públicamente a Robespierre de tirano en un discurso ante el Comité de Salud Pública. Aquel hecho desencadenó la conocida como Reacción Thermidoriana que terminó con la vida de Robespierre en su tan querida Louisette y cerraba el capítulo más sangriento de la revolución. De nuevo Teresa volvía a ser la artífice en la sombra y el pueblo la bautizaba de nuevo, esta vez como Nuestra Señora de Thermidor

Ascendido al Comité de Salud Pública, Tallien disfrutó de su triunfo y se casó con Teresa el 26 de diciembre de 1794. Poco tiempo después nacería su única hija, Rose Thermidor.

En aquellos años de relativa tranquilidad, Teresa Cabarrús disfrutó de su vida social como una de las merveilleuses más destacadas de la sociedad parisina. Cansados de tanta violencia y sangre, la ciudad quería pasar página y disfrutar de largas veladas de alegría y diversión. Y Teresa fue una anfitriona perfecta, dando grandes fiestas y siendo el referente de la moda del momento. En aquel tiempo llegó a conocer a un joven soldado sin mucho futuro que respondía al nombre de Napoleón Buonaparte.

Pero mientras Madame Tallien gozaba de su éxito, su esposo veía de nuevo declinar su estrella hasta que en 1795 con la creación del Directorio, su carrera política dio un freno estrepitoso. En la nueva cumbre del poder, Tallien no se supo hacer un sitio. En una búsqueda desesperada por recuperar su prestigio, Tallien se unió a la expedición que el entonces general Bonaparte (con su apellido afrancesado) organizó a Egipto. 

Nuestra Señora de Septiembre
Teresa no dejó de organizar sus famosas y concurridas fiestas ahora incluso con más alegría pues se sentía libre de toda atadura con su esposo. Fue entonces cuando Paul Barras entró en su vida. Barras sí que había triunfado en el nuevo gobierno formando parte del Directorio. Con Barras mantuvo una relación efímera basada en el lujo y en el dispendio mientras el pueblo volvía a morirse de hambre. Fue entonces cuando la popularidad de la otrora Nuestra Señora del Buen Socorro declinó hasta el punto de ver cómo aquel bonito apelativo como protectora de los más desfavorecidos mudaba en otro menos amable: Nuestra Señora de Septiembre en alusión a los hechos acaecidos en aquel mes de 1792 cuando la sangre de los ciudadanos corría sin control por las calles de París.

Así, poco a poco, la buena imagen de Teresa Cabarrús se fue difuminando, entre el pueblo y entre las clases bien estantes y poderosas. El propio Barras no tuvo inconveniente en deshacerse de su amante por demandar demasiados lujos y se la cedió sin ningún miramiento a Gabriel Ouvrard, un multimillonario que había amasado su fortuna especulando con los suministros del ejército en los inicios de la revolución. Con Ouvrand llegó a tener cuatro hijos sin llegar a casarse nunca con él.

La princesa de Chimay
El último capítulo en la vida de Teresa Cabarrús empezó en 1805 cuando contrajo su tercer matrimonio con François de Riquet, conde de Caraman y príncipe de Chimay. Del primero con Fontenay había conseguido la anulación y de Tallien se había divorciado sin problema tres años antes al haber contraído un matrimonio civil.

Tenía entonces 32 años pero consideró que ya era el momento de retirarse de la ajetreada vida de París. En su refugio a las afueras de Bruselas, Teresa, ahora convertida en princesa de Chimay tuvo otros cuatro hijos y vio desde la lejanía el esplendor del imperio napoleónico y su posterior caída, la restauración monárquica y la revolución de 1830.

Teresa Cabarrús, protagonista indispensable de la revolución francesa, aunque la historia no le haya reservado el sitio que se merece, falleció el 15 de enero de 1835.

 Si quieres leer sobre ella


La cinta roja, Carmen Posadas
Género: Novela histórica

5 comentarios:

  1. justo ahora estoy leyendo Historia de dos ciudades de Dickens y todo lo de la revolución francesa me llama la atención! realmente no sabía sobre Teresa.
    Tu blog super interesante como siempre ;D

    pensamientosdegavroche.blogspot.mx

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  2. ¡Qué vida más apasionante la de esta mujer! Gracias por enseñarnos tantas cosas. :D

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  3. Me gusta mucho tú blog . Gracias por compartirlo.
    Victoria

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  4. yo también he leido la cintaroja de Carmen Posadasy alli se habla mucho de Teresa Cabarrus un saludo

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  5. El libro me gusto mucho esta muy bien explicado

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