miércoles, 25 de abril de 2012

El triunfo de la belleza, Madame de Montespan (1640-1707)

Luis XIV, el Rey Sol, tuvo un número considerable de amantes y concubinas. Una tras otra iban desfilando por los aposentos reales de Versalles. Algunas no tuvieron ni la suerte de darle hijos ni de conservar su nombre para la posteridad. Otras, en cambio, le dieron hijos, se hicieron famosas y vivieron su momento de gloria y esplendor más o menos largo. Madame de Montespan fue una de las últimas amantes del rey. Elegante, orgullosa y segura de sí misma, solamente alguien como Madame de Maintenon pudo llegar a hacerle sombra.

De Françoise a Athénaïs
Françoise de Rochechouart de Mortemart nació el 5 de octubre de 1640 en el castillo de Lussac. Sus padres fueron miembros destacados de la corte de Luis XIII. El Duque de Mortemart fue el primer gentilhombre de cámara del rey y su madre, Diana de Grandseigne fue dama de honor de la reina Ana de Austria.

Françoise pasó su juventud en el convento de las Saintes en el que recibió una esmerada educación. En 1660, con 20 años, Françoise fue nombrada dama de compañía de María Teresa, la nueva reina y esposa de Luis XIV. Adoptó entonces el sobrenombre de Athénaïs. 

La señora de Montespan
En 1663 se casó con Louis Henri de Pardaillan de Gondrin, marqués de Montespan. El matrimonio fue un completo desastre a causa de la actitud violenta y celosa del marqués. A pesar de ello, Françoise y Louis tuvieron dos hijos que no mejoraron ni la situación sentimental ni económica de la pareja. Así, su posición en la corte fue una buena válvula de escape.

Sin embargo, Athénaïs no tenía ninguna intención de ser infiel a su marido. La ferviente fe católica inculcada por su madre desde bien pequeña, daba a Athénaïs unos principios que pronto, sin embargo, dejó ligeramente de lado. 

La amante real
Fue en 1666 cuando Athénaïs conoció en persona a Luis XIV. Hastiado de su relación con  Louise de la Vallière, el Rey Sol cayó a los pies de la bella e inteligente marquesa. Consciente de la influencia que ejercía sobre el soberano, Athénaïs se dispuso a ejercer su papel de amante real con orgullo y decisión. 

Así, la relación de Athénaïs con Luis XIV se alargó durante 12 años en los que llegaron a tener 7 hijos que nunca fueron legitimados. A pesar de que los dos hijos de 
Louise de la Vallière  sí habían sido reconocidos, Athénaïs no pudo esperar la misma suerte para sus vástagos habidos del rey pues ella estaba legal y públicamente casada. 

Durante todo el tiempo que duró su relación, el partido devoto intentó alejar a la amante real de la corte como ya habían conseguido con la desdichada Louise de la Vallière. No fueron ellos los que lo consiguieran, sino la que fuera contratada como niñera de sus hijos, la que se convertiría en 
Madame de Maintenon 

Con casi 40 años, y múltiples embarazos, su cuerpo ya no era lo que había sido años antes. Luis XIV estaba cansado de Athénaïs y empezaba a acercarse peligrosamente a la gobernanta de sus hijos. Tras una breve aventura con una joven desdichada de nombre Mademoiselle de Fontages, Luis XIV se decidió abiertamente por 
Madame de Maintenon . Antes de su salida definitiva de Versalles, Athénaïs aun tendría que sufrir la vergüenza de verse involucrada en el conocido como “asunto de los venenos” un escandaloso caso que llevó a detener a multitud de personas acusadas de querer a llevar a cabo una conspiración contra el rey.

Derrotada, Madame de Montespan se retiró a vivir a París, donde murió el 27 de mayo de 1707
.

 Si quieres leer sobre ella

Amantes y reinas, Benedetta Craveri
Género: Ensayo
Recopilación de la vida de varias reinas y amantes relacionadas con la corona francesa. 






Reinas en la sombra
María Pilar Queralt







Amantes poderosas de la historia
Ángela Vallvey

1 comentario:

  1. Los Borbones siempre han sido unos mujeriegos. Y la rama española no le va a la zaga. Muchos son los hijos naturales que se encuentran por la geografía nacional. Incluso del rey actual que, por cierto, me aseguraron que el año pasado comunicó a sus hijos y su mujer su intención de divorciarse y abdicar, porque estaba enamorado de la princesa Corina (la de la foto del elefante), pero que sus hijos le pidieron que no lo hicera.

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