lunes, 26 de diciembre de 2011

La virtud de la hermana, Santa Florentina de Cartagena (Siglo VI)

Durante el reinado visigodo y a lo largo de toda la Edad Media fueron muchas las mujeres que renunciaron a la vida para recluirse en un convento y llevar una existencia dedicada a la fe. Algunas de ellas fueron destacadas abadesas y sus nombres perduraron a lo largo de los años. El caso de Santa Florentina de Cartagena es uno de ellos pero entraña una singularidad. De su vida realmente sabemos bien poca cosa; su protagonismo en la historia se ha situado más bien es formar parte de una familia de santos y en ser la fuente de inspiración de una de las reglas monásticas femeninas de la España visigoda.

Los cuatro santos de Cartagena
Santa Florentina nació en Cartagena en el seno de una familia hispano-romana que profesaba la fe católica. Su nacimiento se sitúa en el siglo VI, en un tiempo en el que reinaba en Toledo una minoría visigoda de creencias arrianas. Sus padres, Severiano y Túrtura, pertenecían a una de las familias nobles más importantes de la zona. Florentina era la tercera de cinco hijos. Sus hermanos se llamaban Leandro, Fulgencio, Isidoro y Teodosia. Todos, excepto Teodosia, pasarían a la historia de la España visigoda cristiana como santos después de haber vivido carreras eclesiásticas exitosas.

Sobre las vírgenes y el desprecio al mundo
Después de trasladarse toda su familia a Sevilla, Florentina ingresó en un convento. Para celebrar ese momento, su hermano Leandro escribió, alrededor de 580, un tratado o regla monástica para ella titulado Sobre la institución de las vírgenes y el desprecio al mundo. Esta obra es de suma importancia histórica porque refleja la visión que los hombres tenían de las mujeres y de cuál debía ser su actitud en la vida. En su exaltación de la virginidad como el estadio más puro y deseable de la mujer, Leandro nos abre una ventana a un mundo en el que ellas no sólo eran consideradas inferiores a los hombres sino que se les daba como única opción de vida virtuosa la virginidad.

La obra de Leandro supone también la única regla que se conoce de la época respecto a la ordenación de la vida monástica femenina. Además de defender la virginidad, Leandro aconseja a su hermana y a todas las monjas, una vida de reclusión alejada de la risa, la conversación y centrada en la contención y la humildad1.

La santa de Cartagena
Florentina siguió con gran sumisión las directrices de su hermano y se convirtió en una importante religiosa de su tiempo. Tras ser nombrada abadesa, Florentina fundó varios monasterios y llevó una vida conforme a la regla dictada por San Leandro. Una vida que la llevó a ser venerada como santa.

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1. Historia de las mujeres en España y Latinoamérica. Vol. 1. Isabel Morant. Pág. 531


 Si quieres leer sobre ella

Velos y desvelos. Cristianas, musulmanas y judías en la España medieval. María Jesús Fuente
Género: Ensayo

1 comentario:

  1. Querida Sandra, ¡cuánta terrible responsabilidad ha recaído y sigue recayendo sobre el himen femenino! Sin risa, sin conversación, en reclusión total y en virginal estado permanente, ¡qué vida tan triste se reservaba a las mujeres!
    Unas santas, sin duda.
    Mil bicos navideños.

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