Las hijas de la reina

 Isabel I de Castilla fue una de las reinas clave para entender no solo la historia de España, también la de la Europa Moderna. Y no solo porque sus ideas y sus decisiones políticas afectaron al devenir del mundo que la conoció y puso las bases de un imperio, sino porque con las alianzas matrimoniales que cerró para sus hijas afianzó todo su engranaje dinástico. Como reina, Isabel buscó los mejores candidatos. Como madre, tuvo que sufrir separarse para siempre de sus seres queridos. Pero, ¿quiénes fueron esas mujeres que tuvieron que llevar el nombre y la fama de su madre por toda Europa? 


Isabel de Aragón (1470-1498)

Primogénita de Isabel y Fernando, nació cuando aún la duda sobre la legitimidad del matrimonio de los Reyes Católicos sobrevolaba su lecho. Responsable y devota, tuvo que aceptar un primer matrimonio con Alfonso, príncipe portugués. Tras unas bodas espléndidas en Sevilla, la futura reina de Portugal fue acogida en su país de adopción con gran cariño. Hasta que la muerte prematura de Alfonso la devolvió de nuevo a Castilla. Dispuesta a no casarse de nuevo y abrazar la vida religiosa, tuvo graves enfrentamientos con su madre. La reina obligó a su hija a volver a establecer una alianza con Portugal, esta vez con su primo Manuel, el nuevo rey portugués. La infanta se casó sabiendo que su hermano y heredero de sus padres, Juan, agonizaba en Salamanca. Convertida en la siguiente en la línea sucesoria, y embarazada de su hijo Miguel, tuvo que viajar a Castilla y Aragón para ser jurada en cortes. En Zaragoza falleció tras dar a luz dejando a su madre absolutamente devastada. 

Juana I de Castilla (1479-1555)


Fueron las muertes de sus hermanos Juan e Isabel y de su sobrino Miguel, las que empujaron a la tercera hija de los Reyes Católicos a una herencia que, sumada a la de su marido, Felipe de Habsburgo, convertiría a las generaciones futuras en poderosos reyes y emperadores. Convertida en Juana I de Castilla, la princesa pasó de ser una joven alegre, inteligente y llena de vida, a un títere en manos de su marido, su padre y posteriormente su propio hijo. 

María de Aragón (1482-1517)

Su llegada al mundo fue complicada y en el parto falleció un hermano gemelo. Sin embargo, la vida de María de Aragón fue probablemente la más tranquila de la de todas las hijas de la reina. Casada con el viudo de su hermana Isabel, se convirtió en reina consorte de Portugal y fue madre de diez hijos, entre ellos el futuro rey luso y la futura esposa de su sobrino y emperador Carlos V, Isabel de Portugal

Catalina de Aragón (1485-1536)

La más pequeña de todas, Catalina de Aragón fue, junto a su hermana Juana, determinante en el tablero político europeo. Su fatídica unión con el príncipe de Gales, muerto poco después de la celebración del matrimonio, marcaría para siempre el futuro de Catalina. Cuando se convirtió en reina consorte de Inglaterra por su matrimonio con Enrique VIII, la falta de hijos, solo tuvo una hija, María Tudor, llevó a su marido a repudiarla y para ello no dudó en romper con la iglesia de Roma. 

Margarita de Austria (1480-1530)

Esposa del único hijo de Isabel, Juan, Margarita de Austria fue como una hija más para la reina. La acogió en su corte con gran cariño y cuidó de ella cuando perdió a su querido Juan. Juntas lloraron la muerte prematura del hijo que Margarita llevaba en su vientre.