María Ludovica Guillermina de Baviera nació en Múnich el 30 de agosto de 1808 en el seno de la familia real bávara. Era la sexta hija del rey Maximiliano I y de su segunda esposa, Carolina de Baden. Ludovica y sus hermanos tuvieron una infancia privilegiada, con lujos y una esmerada educación, aprendiendo literatura, historia y francés.
Cuando en 1824 su hermana Sofía de Baviera se casaba con el archiduque Francisco Carlos de Austria, Ludovica se enamoró del infante Miguel de Portugal. Un amor que fue vetado por el padre de la princesa, quien se negó a aceptar como yerno a un hombre que se había levantado en armas contra su propio padre y vivía exiliado en Viena. Miguel no se rindió y cuando en 1828 asumió el trono de Portugal volvió a solicitar la mano de Ludovica. Cuando la carta llegó a su destino, la princesa ya se había casado con Maximiliano José, duque de Baviera, quien debería haberse casado con su hermana Maximiliana, pero falleció prematuramente. A Ludovica se le ocultó la carta de su amado, pues en la corte de Baviera temían la reacción de una recién casada que había contraído matrimonio con un hombre al que no amaba.
Ludovica y Maximiliano se habían casado en el castillo de Tegernsee el 9 de septiembre de 1828 en una ceremonia en la que el amor no parecía estar invitado. Después de unos primeros años viajando por Suiza e Italia, los duques se instalaron en Múnich, pero pasaban el verano en el castillo de Possenhofen, junto al lago Starnberg. A pesar de no estar enamorados, la pareja cumplió con el principal cometido del matrimonio llegando a tener hasta diez hijos, cinco niños y cinco niñas, entre los que sin duda la más famosa fue Isabel de Baviera.
Ludovica pasó su vida alejada del amor, cuidando de sus hijos y soportando las infidelidades y extravagancias de su marido quien alteraba el orden y la educación que la duquesa se esforzaba en inculcarles. La duquesa luchó por encontrar para todos ellos un lugar prominente en las cortes europeas. La apuesta más elevada, situar a su hija Elena en la corte de Viena se truncó cuando Francisco José se enamoró de su otra prima, Isabel. Durante las largas ausencias de Maximiliano, afamado viajero, Ludovica permanecía sola cuidando de su familia y de sus propiedades.
La muerte de dos de sus hijos poco después de nacer afectó profundamente al ánimo de una mujer que tendría que soportar durante toda su vida la falta de amor conyugal. El 15 de noviembre de 1888 fallecía su marido Un año después se enfrentaba a la dura noticia del supuesto suicidio de Rodolfo, el archiduque primogénito de la ya entonces emperatriz Isabel. En 1890, enterraba a su hija Elena. Dos años después, el 26 de enero de 1892, con 83 años, la duquesa Ludovica de Baviera fallecía en su palacio de Múnich.
Magda Schneider, dio vida a la duquesa en la famosa trilogía sobre la emperatriz Sissí protagonizada por su propia hija, Romy Scheider.
Bibliografía
Christian Sepp, Ludovika. Sisis Mutter und ihr Jahrhundert



