Ayer, 28 de agosto de 2026, fallecía el rey Harald de Noruega. Lo hacía un día antes del aniversario de su boda con la reina Sonia de Noruega. Sonja Haraldsen y Harald habían protagonizado una de las historias de amor más bonitas de la realeza europea del siglo XX. Porque Sonja no era de sangre real, lo que entonces provocó una crisis de estado.
Sonja Haraldsen era hija de un comerciante de Oslo que regentaba junto a su esposa una tienda de ropa. Para continuar con el negocio familiar, Sonja había estudiado diseño de moda, aunque también estudió historia de arte en la Universidad de Oslo.
En 1959 conoció al príncipe Harald con el que inició una relación secreta que duró casi una década. La pareja tuvo que esperar pacientemente a que el padre del heredero, el entonces rey Olaf V diera su aprobación. Y que el pueblo de Noruega aceptara tener a una mujer que no pertenecía ni a la nobleza ni a la realeza como futura reina de su país. En 1968, el soberano noguero dio carta blanca tras consultar al gobierno, después de un tira y afloja con su hijo, quien llegó a amenazar con renunciar al trono sino le permitían casarse con Sonja.
El 29 de agosto de 1968 se casaron en la Catedral de Oslo en medio de un intenso debate sobre el futuro de la monarquía en el país escandinavo que consiguieron sobrellevar y superar con paciencia y determinación. Sonja se ganó el cariño de su pueblo quien la aceptó como reina consorte cuando en 1991, tras la muerte de Olaf V, su marido se convirtió en Harald V.
Aquellos duros años de espera fueron recreados en 2025 en una miniserie noruega interpretada por Sindre Strand Offerdal y Gina Bernhoft.



