La manipulación para alcanzar la gloria, Elisabeth Förster-Nietzsche (1846-1935)

 Como tantas y tantas veces en la historia, la conocida como "la hermana de Nietzsche" tuvo que conformarse con una ridícula educación mientras que el gran filósofo pudo desarrollar su intelecto en las mejores universidades de Alemania. Ella admiró desde siempre a su hermano mayor, pero tuvo que conformarse con ser hija, hermana y esposa. Hasta que descubrió que, a través de la obra de él, ella también podría brillar. 



Therese Elisabeth Alexandra nació el 10 de julio de 1846 en la localidad prusiana de Röcken. Su padre, un pastor protestante, educó a Elisabeth junto a su hermano Friedrich, entre los que se forjó una estrecha relación. Aquella infancia ideal terminó cuando él pudo seguir estudiando en la universidad y ella se tuvo que conformar con la limitada formación recibida en una escuela de señoritas. Su madre, Franziska Nietzsche, estaba encantada de que su hija fuera modelada para convertirse en una esposa y madre sumisa, pues cansada estaba de tener que reñirla por tanta ansia que tenía la joven Elisabeth por la lectura. 

La marcha de Friedrich a la universidad fue un duro golpe y no paró hasta que consiguió reencontrarse con él. Elisabeth se instaló en Leipzig donde su hermano había intercedido para que pudiera acudir a clases como oyente. Durante mucho tiempo, aquella relación fraternal se convirtió en inquebrantable. Hasta que Elisabeth conoció a un profesor de la Universidad de Gotinga de dudosa reputación llamado Bernhard Förster. El doctor Förster era un declarado antisemita con un fuerte sentimiento nacionalista. Friedrich rechazó aquella relación, negándose incluso a asistir a la boda de su hermana. 

En sus ansias por defender una raza puramente germana, proyectó la creación de una "Nueva Germania" en las lejanas tierras de Paraguay. Hacia allí se embarcó con su esposa y un grupo de seguidores de sus ideales. Friedrich había fracasado en su intento de convencer a su hermana de que no siguiera a aquel engatusador a una supuesta tierra prometida. 

“Soy muy infeliz”. Con estas palabras confesaba a su diario en noviembre de 1886 que la colonia "Nueva Germania" había sido un auténtico fracaso. El proyecto no tardó en acumular problemas económicos y tensiones entre los colonos. Tres años vivió Elizabeth en aquella pesadilla que culminó con la muerte, en extrañas circunstancias, de su marido en el verano de 1889. 

Cuando Elisabeth Förster-Nietzsche regresó a Alemania, estaba totalmente arruinada. De vuelta a casa, se reencontró con una madre anciana y un hermano cada día más enfermo. Y con una oportunidad de triunfar en algo. La obra de Nietzsche era a finales del siglo XIX un negocio muy lucrativo. Así que, dado que ella no había podido triunfar, lo haría a través de su hermano. ¿Cómo? Le aseguraría un puesto de honor en el panteón de la historia del pensamiento alemán. De paso, ella sacaría una buena tajada. 

Elisabeth se volcó en recopilar todos los manuscritos de su hermano y hacerse con el control de todas sus ediciones. Para ello no dudó en quitarse de en medio a su propia madre. Presionó a la anciana Franziska hasta que esta firmó un contrato de cesión preparado a conciencia por Elisabeth para que le otorgara la tutela de su hermano y renunciara a “todos los derechos e ingresos” por la obra de Nietzsche.

 El 2 de octubre de 1894, Elisabeth Förster-Nietzsche inauguraba con gran solemnidad el que sería conocido como Archivo Nietzsche en la planta baja de la casa materna de Naumburgo. Cinco años después falleció el filósofo. Su hermana intensificó su labor de controlar el acceso a todos los manuscritos de Nietzsche, trasladados a la Villa Silberblick, en Weimar. Allí siguió custodiando los textos que llegó a manipular a su antojo. 

Mientras Elisabeth controlaba la memoria de su hermano, se acercaba sin ningún tipo de complejo a las ideas totalitarias de Mussolini y Hitler, al que llegó a describir como “nuestro magnífico canciller del Reich”. El Führer llegó incluso a visitar en varias ocasiones el Archivo de Weimar. Cuando Elisabeth regaló a Hitler un bastón del filósofo y un ejemplar de un texto de su marido defendiendo el antisemitismo, consiguió que el nombre de Nietzsche se vinculara inexorablemente al nazismo. 

Además de la custodia de la obra del filósofo, la propia Elisabeth escribió varias obras que le valieron hasta cuatro nominaciones a los Premios Nobel de Literatura.

Cuando Elisabeth falleció el 8 de noviembre de 1935, el propio Hitler acudió a su funeral. En el acto fúnebre, se glorificó a la hermana de Nietzsche como la “sacerdotisa de la eterna Alemania”. Su último acto de megalomanía fue detallar en su testamento que, para ser enterrada junto a su hermano, debían reubicar el cuerpo de su madre. 

No fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial que la figura de Elisabeth fue desenterrada para juzgarla como manipuladora de la memoria y de la obra de su hermano. Tras un exhaustivo estudio de los archivos se pudo demostrar que Elisabeth había modificado los manuscritos y había conseguido que la figura de Nietzsche fuera instrumentalizada por el Tercer Reich. 

Bibliografía

Ulrich Sieg, La hermana de Nietzsche

Carol DietheNietzsche's Sister and the Will to Power: A Biography of Elisabeth Förster-Nietzsche