A mediados del siglo XIX, cuando aún estaba mal visto que una mujer se dedicara profesionalmente alguna disciplina artística, una mujer causó furor con sus cuadros realistas de escenas costumbristas, religiosas o plasmando los secretos rincones de los harenes orientales. Su fama fue tal que fue reconocida en muchos países europeos y su obra adquirida por personalidades poderosas de su tiempo.
Su nombre real era Sophie de Bouteiller y nació en París el 16 de junio de 1829. Hija de los condes de Bouteiller, sus padres eran también apasionados de la música. Desde pequeña recibió educación artística, música y pintura, en su rico hogar parisino.
En 1849, decidida a perfeccionar su talento con lápices y pinceles, continuó estudiando con distintos maestros y tuvo la oportunidad de dibujar a partir de modelos en vivo. Convertida en Henriette Browne, pseudónimo que era en realidad el nombre de su abuela materna, presentó su primer trabajo en el Salón de París en 1853, el retrato de una anciana titulado Lectura de la Biblia.
Desde entonces, expuso cada año en el prestigioso centro neurálgico del arte. Sus cuadros se centraron en retratos y escenas de género tanto domésticas como religiosas.
Ese mismo año se casaba con Henry Jules de Saux, un diplomático francés al que acompañó muchas veces en sus viajes. Esto le dio a Henriette la posibilidad de conocer nuevos mundos y escenarios que fueron inspiración para sus cuadros.
Su visita a un harén turco fue una experiencia única para ella que utilizaría para crear alguna de sus pinturas.
En 1855 mostró varias pinturas en la Exposición Universal que fueron vendidas por personalidades tan ilustres como el propio emperador Napoleón III quien adquirió el lienzo Escuela de pobres en Aix. Cuatro años después, la emperatriz Eugenia de Montijo también compró un cuadro suyo, Los puritanos, por el que pagó 6.000 francos. Sus obras causaron sensación y rivalizó con otras mujeres artistas coetáneas como Rosa Bonheur. El éxito le trajo muchas ventas que permitiría a Henriette tener una saneada independencia económica. Además de cuadros, Henriette perfeccionó su talento como grabadora en acero de dibujos orientales y bíblicos.
Henriette junto a Rosa Bonheur y Marcellina Albreu, fueron las tres únicas mujeres que formaron parte de los miembros fundadores de la Société Nationale des Beaux-Arts de París.
Convertida en una artista orientalista internacionalmente reconocida, en 1879, ya viuda, decidía abandonar su arte. Aún estaría vinculada al mundo artístico cuando en 1894 fue nombrada miembro honorario del Royal Institute of Painters in Water Colours de Londres.
El 14 de marzo de 1901 fallecía en su hogar de París dejando tras de sí una amplia obra realista y orientalista con muchos de sus cuadros perdidos y otros tantos formando parte de colecciones privadas.





