No había material que se le resistiera. Helga Philipp convirtió la arcilla, el plexiglás, el hormigón o los tubos de goma en imponentes obras de arte. Referencia indiscutible del Op Art o Arte Óptico, esta artista austriaca mostró su talento a lo largo y ancho del planeta.
Helga Philipp nació el Viena el 2 de junio de 1939. Con una pasión excepcional por el arte, inició sus estudios de escultura en la antigua Universidad de Artes Aplicadas de Viena. Pronto empezó a experimentar con todo tipo de objetos y materiales, más allá de la arcilla o la piedra para realizar sus propias esculturas. El polvo de aluminio o el grafito fueron algunos de los elementos que utilizó junto con el hierro, el hormigón, espejos o tubos de goma.
Durante las décadas de los 60 y 70, Helga desarrolló un amplio catálogo de obras de arte que la convirtieron en un referente indiscutible del Op Art (Arte Óptico), un movimiento artístico centrado en el arte visual focalizado en las ilusiones ópticas y del Arte Concreto. Sus cuadrículas circulares u obras gráficas hechas a base de anilles de cartón y motivos circulares fueron evolucionando hacia el uso de la línea. Realizó grabados en relieve y con grafito focalizados en formas geométricas simples.
Helga Philipp puso a prueba la capacidad de las personas de identificar lo que ella misma plasmaba en sus obras en las que a partir de juegos con la luz, las formas y los colores hacía que la realidad pudiera ser vista desde ópticas muy distintas. La experiencia visual, la abstracción geométrica y un lenguaje formal cinético son algunas de las principales características de la obra artística de Philipp.
Sus obras alcanzaron éxito internacional exhibiéndose en museos y galerías de arte de medio mundo. Convertida en un destacado referente artístico, Helga Philipp se convirtió también en una reputada profesora de arte.
En 1979 fundó una asociación cultural conocida como Asociación Cultural de Ternitz y mantuvo intensa relación profesional con otros colectivos artísticos. En Ternitz, donde había adquirido una mansión, la Hansenvilla, se centró en la pintura monocromática o bicolor de gran formato mientras creaba un espacio de reflexión y formación para futuros artistas.
Helga fallecía el 5 de noviembre de 2001. Pocos días antes recogía el premio de la Ciudad de Viena. Su hija, Olga Okunev-Philipp, ha mantenido vivo su legado artístico.
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