El puntal de un genio, Sofía Tolstoi (1844-1919)

 Fue la esposa de León Tolstói, madre de trece hijos y la mujer que dedicó buena parte de su vida a copiar, corregir y editar algunas de las grandes obras de la literatura universal. Sin embargo, detrás del genio del autor de Guerra y paz y Ana Karenina se escondía una mujer cuyos propios sueños quedaron relegados a un segundo plano.

Una joven con sueños propios

Sofía Andréievna Behrs nació el 22 de agosto 1844 en Moscú, en el seno de una familia acomodada. Su padre era médico de la corte imperial y procuró que sus hijos aprendieran a valerse por sí mismos. Sofía creció rodeada de libros, música y arte, aficiones que alimentaron su sensibilidad y su deseo de aprender.

Le gustaba tocar el piano, dibujar, pintar y escribir. Con apenas diecisiete años compuso una novela corta titulada Natasha, inspirada en sus propias experiencias y en la vida de sus hermanas. Años después afirmaría que aquel relato había servido de inspiración a León Tolstói para crear a Natasha Rostova, uno de los personajes principales de Guerra y paz.

El escritor era un viejo conocido de la familia Behrs. Cuando Sofía tenía dieciocho años, Tolstói, que superaba los treinta, le pidió matrimonio. El noviazgo fue brevísimo y, poco antes de la boda, él le entregó sus diarios personales. Sofía descubrió entonces detalles de su pasado sentimental y sexual que la impresionaron profundamente.

El 23 de septiembre de 1862 se casaron. Comenzaba así una relación que se prolongaría durante casi medio siglo, marcada por el amor, la colaboración intelectual y las constantes tensiones.

Esposa, madre y copista de un genio

Tras la boda, Sofía se trasladó a Yásnaia Poliana, la finca familiar de los Tolstói. Allí comenzó una nueva vida, alejada de su hogar y de las inquietudes intelectuales de su juventud. Pronto llegaron los embarazos y las responsabilidades domésticas. Tuvo trece hijos y sufrió la pérdida de algunos de ellos, mientras intentaba atender las necesidades de una familia numerosa.


La maternidad no fue para ella una experiencia sencilla. Los embarazos sucesivos, los partos y las lactancias deterioraron su salud física y emocional. A las tareas de madre y esposa se sumaban la administración de la finca, la educación de los niños y el cuidado de la casa.

Pero Sofía encontró también un espacio propio en el trabajo literario de su marido.

Cuando Tolstói comenzó a escribir Guerra y paz, ella se convirtió en su principal colaboradora. Copiaba una y otra vez los manuscritos, incorporaba las correcciones del autor y revisaba las sucesivas versiones de una novela cuya elaboración se prolongó durante años.

La tarea era agotadora. Durante el día se ocupaba de la casa y de sus hijos; por la noche, trabajaba en los textos de su marido. Sin embargo, aquella labor le proporcionaba una satisfacción intelectual que difícilmente encontraba en otros aspectos de su vida.

La idea de servir a un genio y gran hombre me ha dado la fuerza para hacer cualquier cosa.

Tolstói valoraba su capacidad de trabajo y confiaba en sus opiniones. Sofía no era una simple copista: conocía profundamente sus manuscritos y participaba en el proceso que acabaría convirtiendo aquellas páginas en algunas de las obras más importantes de la literatura rusa.

También colaboró en la preparación de Ana Karenina, novela en la que las experiencias familiares y personales de ambos dejaron su huella.

Sin embargo, mientras la fama del escritor crecía, las aspiraciones de Sofía quedaban relegadas. Ella también quería escribir, estudiar arte y desarrollar sus propias capacidades, pero las obligaciones familiares apenas le dejaban tiempo para hacerlo.

La crisis de un matrimonio

La relación entre Sofía y León Tolstói comenzó a deteriorarse especialmente cuando el escritor atravesó una profunda crisis espiritual tras publicar Ana Karenina.

Obsesionado con encontrar el sentido de la existencia, Tolstói rechazó progresivamente las convenciones sociales, cuestionó la Iglesia ortodoxa y empezó a considerar que la riqueza y las propiedades eran obstáculos para alcanzar una vida moralmente auténtica.

Su nueva filosofía chocaba frontalmente con las necesidades de Sofía. Mientras él deseaba desprenderse de sus bienes y renunciar a los privilegios de su posición, ella debía garantizar el sustento y el futuro de sus numerosos hijos.

También le dolía que su marido pareciera renegar de la literatura que lo había convertido en uno de los escritores más admirados de su tiempo. Sofía deseaba que continuara escribiendo novelas, mientras él se inclinaba cada vez más por los ensayos religiosos y moralizantes.

Las diferencias ideológicas se sumaron al agotamiento físico y emocional de Sofía. Los conflictos se hicieron frecuentes y la convivencia, cada vez más difícil.

A pesar de todo, ella siguió trabajando para preservar y difundir la obra de su marido. En 1885 emprendió la publicación de sus obras completas en doce volúmenes, una tarea editorial de enorme importancia que exigía conocimientos, capacidad de organización y una dedicación extraordinaria.

Pero Tolstói cuestionaba incluso los derechos de autor y los beneficios económicos derivados de sus libros, pues consideraba que la literatura debía estar al servicio de la humanidad y no del enriquecimiento personal. Para Sofía, que debía mantener a su familia, aquellas ideas suponían una nueva fuente de angustia.

A las dificultades matrimoniales se sumó la influencia de Vladímir Chertkov, uno de los principales seguidores del escritor, con quien Sofía mantuvo una relación muy conflictiva. La disputa por el control del legado literario de Tolstói aumentó la tensión en la familia.

La última separación

En 1910, cuando León Tolstói tenía ochenta y dos años, decidió abandonar Yásnaia Poliana. Su deseo de vivir conforme a sus ideales espirituales y escapar de las disputas familiares lo llevó a emprender un viaje que terminaría de manera inesperada.

Durante el trayecto enfermó gravemente y tuvo que detenerse en la pequeña estación ferroviaria de Astápovo. Sofía acudió a su lado, pero, cuando finalmente pudo verlo, el escritor se encontraba ya inconsciente.

León Tolstói falleció el 20 de noviembre de 1910, dejando tras de sí una obra que transformaría la historia de la literatura.

Sofía sobrevivió casi nueve años a su marido. Lejos de abandonar su lucha, continuó defendiendo el legado literario del escritor y reclamando el reconocimiento de su propia labor. En 1914, el Senado ruso le reconoció los derechos de autor de la obra de Tolstói, consolidando su papel en la preservación de aquel patrimonio literario.

Murió el 4 de noviembre de 1919, a los setenta y cinco años.

Los sueños que quedaron atrás

Sofía Tolstói había deseado ser escritora, pintora, fotógrafa e incluso doctora. Sin embargo, buena parte de su energía quedó absorbida por la maternidad, las tareas domésticas y el trabajo necesario para que su marido pudiera desarrollar su carrera literaria.

Ella misma reflexionó sobre la dificultad que encontraban las mujeres para desarrollar su talento: «Cuando termina de criar y educar a sus hijos, sus necesidades artísticas se despiertan, pero para entonces ya es demasiado tarde».

Su historia revela una de las grandes contradicciones de la vida de muchas mujeres del pasado: contribuir decisivamente a la obra de los hombres de su entorno mientras sus propias capacidades y aspiraciones permanecían en segundo plano.

Sofía fue mucho más que la esposa de León Tolstói. Fue una colaboradora imprescindible, una editora entregada y una mujer que luchó por conservar una parcela de autonomía en una vida dominada por las necesidades de su familia y las convicciones de su marido.

El escritor vivió entregado a sus propias inquietudes intelectuales y espirituales. Sofía, en cambio, tuvo que enfrentarse a las exigencias cotidianas de una familia numerosa y a las consecuencias de las decisiones de ambos.

Su nombre merece ocupar un lugar propio en la historia de la literatura, no solo por haber compartido su vida con uno de los grandes escritores de todos los tiempos, sino por el trabajo, la inteligencia y la perseverancia con los que contribuyó a preservar su legado.

Bibliografía

The autobiography of Countess Sophie Tolstoi, Sofía Andreevna
Diarios (1862-1919), Sofia Tolstói

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