El siglo XIV fue un tiempo convulso para la corona de Aragón. La falta de herederos varones llevaría a la dinastía aragonesa a su extinción en la figura de Martín I. No fue porque no lo intentara. Tras dos matrimonios e infinitos conjuros e ingesta de hierbas supuestamente favorables a la concepción, el soberano dejaba este mundo sin afianzar su propia estirpe.
Margarita de Prades fue su segunda esposa. Nacía en algún momento entre los años 1387 y 1388 en el seno de una familia de condes y miembro lejano de la casa real de Aragón. Hija de Juan de Prades y Juana de Cabrera, formaba parte del séquito de damas de la reina María de Luna, primera esposa de Martín I el Humano, con quien había tenido cuatro hijos. En 1406, cuando falleció la reina, de todos sus vástagos solamente sobrevivía uno, Martín, quien moriría tres años después de su madre. En una desesperada búsqueda de herederos, Martín I eligió a la dama de su difunta esposa, que entonces tenía apenas veintiún años de edad. El matrimonio tuvo lugar el 17 de septiembre de 1409 en Barcelona. Pocos meses después, el 31 de mayo de 1410, fallecía el rey sin haber tenido tiempo de engendrar un nuevo hijo.
Margarita desapareció de la corte aunque mantuvo las rentas adquiridas por ser viuda del rey. Quizás por eso, para no perder tales privilegios, en 1415 volvía a casarse, pero lo hizo en secreto, con el noble valenciano Juan de Vilaragut y Álvarez de Haro con el que tuvo un hijo. Las noticias de su nueva vida llegaron a la corte aragonesa, por lo que Margarita y su nueva familia se refugiaron en el monasterio de Santa María de Valldoncella, donde su segundo marido falleció en 1422. Un año después tomaba los hábitos y en 1428 asumió el cargo de abadesa del monasterio de Bonrepós, donde falleció el 23 de julio de 1429.
