La primera educadora de América, Catalina Bustamante (?-1545)

 1492 marcó un antes y un después en la historia del mundo. Cuando las tres naves de Cristóbal Colón llegaron a tierras americanas, fue el inicio de una transformación cultural imparable. En los siguientes viajes colombinos y posteriores expediciones no solo viajaron hombres. También hubo mujeres que emprendieron aquel peligroso y apasionante viaje. Una de aquellas mujeres se llamaba Catalina Bustamante, una dama culta que conocía el latín y el griego y tenía una amplia formación humanista. 

Tendría unos veinticuatro años cuando se subió a un barco que, desde Sanlúcar de Barrameda puso rumbo a las Indias Occidentales el 5 de mayo de 1514. Con ella viajaban su marido, Pedro Tinoco, sus dos hijas, María y Francisca y sus cuñadas María y Juana. La travesía se alargó hasta unos seis meses, llegando a Santo Domingo, entonces capital de La Española, la primera ciudad que fundara Bartolomé Colón en tierras americanas.

Catalina llegó hasta el Virreinato de Nueva España, donde ingresó en la Orden Tercera de San Francisco y asumió el cargo de directora en Texcoco de un colegio para niñas. Catalina se encargó de dar formación religiosa, lengua y costumbres españolas a las pequeñas indígenas. 

En mayo de 1529, un grupo de indios al servicio de Juan Peláez, alcalde entonces de Oxaca, secuestró a la hija de un cacique llamada Inesica y a su criada. Catalina denunció el hecho a través de una carta dirigida al emperador Carlos V.  Este se encontraba de viaje por Europa por lo que fue Isabel de Portugal, su esposa y regente entonces en España, quien firmó una real cédula, en la que exigía protección para las maestras.

En otra carta, advertía de que en caso de verse “quebrantados sus privilegios e inmunidades”, los culpables serían condenados a pagar una multa de diez mil maravedíes, dinero que recibiría la escuela de Catalina. Además de intentar terminar con lo abusos, Isabel de Portugal inició la búsqueda de nuevas maestras en España que pudieran ayudar en la educación religiosa y formal en tierras de Ultramar. Las elegidas atravesaron el océano protegidas y avaladas por la emperatriz, que sufragó todos los gastos del viaje. 

Años después, en 1535, las cosas no parecían haber mejorado y Catalina decidió presentarse ella misma ante la soberana para pedir ayuda con el envío de más maestras. La respuesta afirmativa de la reina supuso la elección de tres mujeres más, terciarias, que regresaron con Catalina a América. 

Su incansable labor terminó dando sus frutos, forjando una generación de maestras que enseñaron en distintos colegios que se fueron abriendo en Nueva España. La terrible peste de 1545 terminó sin embargo con su magnífico proyecto, además de con su propia vida y la de muchas de sus compañeras. 

En la ciudad de Texcoco no se han olvidado de ella. Una hermosa estatua en la que aparece escribiendo con una pluma, la recuerda como “Maestra Catalina de Bustamante, primera educadora de América”. 

Bibliografía

Españolas del Nuevo Mundo, Eloísa Gómez-Lucena