Sofía Alekséievna nació el 27 de septiembre de 1657. Era la tercera hija del zar Alejo I y su esposa María Miloslávskaya. Sofía no estaba llamada a reinar pues tenía dos hermanos varones, pero el destino, y su determinación, la llevarían hasta lo más alto del imperio ruso. Cuando falleció su padre, heredó el trono su hermano como Teodoro III, pero este falleció sin dejar descendencia. El siguiente en la línea sucesora era su otro hermano, más pequeño que ella. Todos en la corte conocían los problemas físicos y mentales de Ivan, por lo que decidieron un doble reinado junto a otro niño, Pedro, que entonces tenía 10 años y era hijo del segundo matrimonio de Alejo con Natalia Narýshkina, a quien se le encomendó la regencia. Fue entonces cuando Sofía entró en escena y tomó la decisión de asumir ella el poder instigando una rebelión que no fructificó. Derrotada Sofía, en el verano de 1682 asumían el trono Iván como el Zar Mayor y Pedro como el Zar Menor. Lo que sí consiguió Sofía fue ser nombrada regente.
Durante su regencia, Sofía benefició a la burguesía y a los siervos, provocando en enojo de la nobleza. Entre sus hitos políticos se encuentra el Tratado de Paz Eterna de 1686 con Polonia, el Tratado de Nérchinsk con China en 1689, y las campañas de Crimea en contra de los turcos. En 1685 impulsó los conocidos como "Doce Artículos" como respuesta al cisma que estaba sufriendo la Iglesia ortodoxa rusa. En estas leyes, Sofía marcó las penas que debían sufrir quienes intentaban llevar a cabo la ruptura con la Iglesia oficial.
Cuando su medio hermano Pedro alcanzó la mayoría de edad, este y su corte presionaron a Sofía para que abandonara la regencia, lo que ella no aceptó. Tras un levantamiento en el que intentó autoproclamarse zarina, tuvo que rendirse. Sofía fue obligada a retirarse a un convento donde estuvo bajo arresto domiciliario aunque no consiguieron que tomara los hábitos.
Aún en 1698, sus defensores intentaron que volviera al Kremlin pero de nuevo la rebelión fue sofocada. Los cabecillas fueron ejecutados y sus cadáveres colocados bajo la ventana de Sofía. Esta tomó finalmente los hábitos y encerrada en una estricta clausura. Obligada a vivir en soledad, el resto de monjas tenían prohibido convivir con ella excepto el día de Pascua, aún sobrevivió seis años. Falleció el 3 de julio de 1704.

