El 19 de septiembre de 1803 nacía en Roma María Anna Carolina Pia di Savoia, quien pasaría a la historia como emperatriz consorte de Austria. María Anna nació en el Palacio Colonna, donde vivía su flamante familia, los reyes Víctor Manuel I de Cerdeña y María Teresa de Austria-Este. Ella y su hermana gemela fueron bautizadas por el papa Pío VII. Mientras su hermana María Teresa terminó siendo duquesa de Parma, a María Anna le tenían deparado un destino más elevado como esposa de su primo, Fernando V de Hungría y futuro emperador de Austria.
Tras contraer matrimonio por poderes en Turín, la joven se trasladó a Viena donde conoció a su marido y con el que se casó en una capilla del Hofburg el 27 de febrero de 1831. Cuatro años después, su esposo se convertía en Fernando I de Austria y ella en emperatriz consorte. María Anna descubrió demasiado tarde que el emperador padecía alguna enfermedad mental y ataques de epilepsia. Hay quien asegura que el matrimonio no llegó nunca a consumarse. Lo cierto es que no tuvieron descendencia y el trono imperial terminaría recayendo en un sobrino de Fernando, Francisco José, cuando abdicó el 2 de diciembre de 1848.
La pareja abandonó Viena y se instalaron en el Castillo de Praga. Fernando fallecía en 1875. María Ana aún le sobrevivió nueve años. Tras su muerte, el 4 de mayo de 1884, sus restos regresaron a Viena, para ser enterrados junto a los de su marido en la Cripta Imperial.
