Siempre he creído firmemente que la realidad supera a la ficción. De hecho, han sido las experiencias personales las que a menudo han dado a la literatura sus mejores obras. En lo que a la historia de las mujeres se refiere, muchas han sido las escritoras que se han valido de sus propias luchas para crear supuestas historias inventadas en magníficos altavoces de sus batallas por la igualdad. Novelas que han sobrevivido al paso del tiempo y que las modernas plataformas de streaming están rescatando del olvido. Netflix acaba de estrenar la que seguramente será uno de los mejores éxitos del inicio del curso. Mi brillante carrera, una serie de seis capítulos que narra las aventuras de una joven australiana dispuesta a romper con todos y cada uno de los estereotipos de género en los que se siente atrapada cualquiera muchacha que vivió en el siglo XIX. Una historia que esconde la igualmente apasionante vida de la creadora de Sybyla Melvin, la escritora australiana Miles Franklin.
Stella Maria Sarah Miles Franklin nació el 14 de octubre de 1879 en Old Talbingo Homestead, en el estado australiano de Nueva Gales del Sur. Aquel era el hogar de su abuela materna. Los padres de Stella vivían en una humilde granja en Canberra, en un lugar conocido como Brindabella, donde formaron una familia de siete hijos. Stella, la mayor, fue educada por un tutor privado, quien admiró las ganas de aprender de su joven pupila. Su infancia fue feliz, pero pronto empezó a darse cuenta de todos los sacrificios que su madre tenía que hacer para cuidar de tantos hijos y hacerse cargo de las inacabables tareas domésticas. En aquellos primeros años de su vida, Stella pasó temporadas en Talbingo donde disfrutó de la compañía de su abuela y varios tíos y tías que la ayudaron a seguir aprendiendo.
En 1889, los Franklin se mudaron a una propiedad que Susannah, la madre de Stella, bautizó como Stillwater, y que supuso el descalabro económico de la familia. Allí, a sus diez años, acudió a una escuela pública donde recibió el apoyo de una de sus maestras, Mary Gillespie. Para entonces, Stella ya había empezado a escribir poesías y relatos cortos. Su primero poema, titulado El hombre es tonto, lo escribió cuando tenía 8 años. A los 16, publicaba su primer relato en un periódico local mientras su cabeza ya barruntaba la idea de la que sería su novela más célebre.
Mi brillante (?) carrera
El 1899, terminó de escribir un relato que tituló Mi brillante (?) carrera. Y empezó a adentrarse en el mundo de los rechazos literarios. Lejos de rendirse, llamó a todas las puertas posibles. Hasta que una se abrió. Fue el célebre poeta australiano Henry Lawson quien, impresionado con la novela, cogió el manuscrito y se lo llevó a Inglaterra donde se publicó en 1901. A pesar de que se publicó sin el signo de interrogación, tal y como Stella había imaginado, y Lawson lo hizo revelando que el autor era una mujer, la historia de la intrépida y rebelde Sybylla Melvyn fue todo un éxito.
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| Philippa Northeast como Sybylla Melvyn en la serie Mi brillante carrera |
Convertida en la escritora Miles Franklin, la joven Stella, soñadora y apasionada por la literatura, se convirtió en una celebridad de la noche a la mañana. Sus admiradores le instaban a que siguiera escribiendo y así lo hizo mientras se adentraba en la vida más cosmopolita de Australia. Integrada en la alta sociedad, Miles conoció a personalidades de la literatura y del incipiente feminismo australiano, como Rose Scott o Vida Goldstein.
A pesar del éxito, su carrera literaria no le permitió vivir exclusivamente de sus libros, por lo que tuvo que trabajar como institutriz, en el servicio doméstico o como enfermera. Tampoco la acogida de Mi brillante carrera fue la llave para que las editoriales aceptaran una secuela de la novela ni tampoco otros manuscritos que fueron rechazados. Durante un tiempo probó suerte como periodista, hasta que tomó una drástica decisión, cruzar el océano.
Rumbo a América
El 7 de abril de 1906, Miles Franklin surcaba el Pacífico para buscar nuevas oportunidades en los Estados Unidos. Atrás dejaba un puñado de propuestas de matrimonio que, elegantemente, había rechazado. Instalada en Chicago, se unió a la Liga Nacional de Sindicatos Femeninos donde asumió el cargo de jefa de prensa. La Liga organizó una importante huelga de 22 semanas de los trabajadores de la confección en 1910 y varias conferencias nacionales. Miles dirigió la comunicación y coordinó la revista de la Liga, Life and Labor.
A pesar de la vida frenética que vivió en Chicago, de los constantes viajes, de la apasionante labor social que ejerció, Miles se sentía insatisfecha. Seguía sin encontrar su lugar en el mundo y añoraba su hogar. Continuaba escribiendo. Y continuaba recibiendo el rechazo editorial. En 1922 ingresó en un sanatorio.
En 1909 había conseguido que se publicara en Inglaterra una novela romántica centrada en los primeros hitos del feminismo australiano. El libro, titulado Some Everyday Folk and Dawn, pasó sin pena ni gloria por los escaparates de las librerías inglesas. En 1915 lo volvía a intentar con otro relato de tintes autobiográficos, Net of Circumstance, en el que abordaba la cuestión del matrimonio, la maternidad y la carga que todo ello suponía para las mujeres. Pero Miles seguía sin conseguir el éxito cosechado con Mi brillante carrera.
En Inglaterra con una nueva identidad
Ese mismo año dejó atrás los Estados Unidos y se marchó a Londres donde trabajó como periodista mientras siguió colaborando con organizaciones feministas. Probó entonces con el teatro, escribiendo textos que siguieron siendo rechazados. Con la Gran Guerra asolando Europa, en 1917 sirvió como voluntaria en los hospitales de campaña en Grecia.
Cansada de recibir un rechazo literario tras otro, cuando terminó la guerra, decidió publicar una serie de seis novelas con el seudónimo Brent of Bin bin y ocultó a editores y lectores su verdadera identidad. Miles mantuvo el misterio alrededor de la autora, hablando sobre ella y sus libros en círculos literarios creando expectación a su alrededor.
En 1932 regresaba a su Australia natal y se instaló en Sídney donde viviría el resto de su vida. Cuatro años después, su novela All That Swagger recibía el reconocimiento público con un premio literario por valor de 100 libras esterlinas. El mejor premio fue, sin embargo, el éxito recibido por parte de la crítica y del público. A sus casi 60 años conseguía convertirse en una escritora de renombre, recuperando la fama perdida tras la publicación de My Brilliant Career.
El premio más preciado
Miles Franklin no había dejado nunca de escribir. Tampoco lo haría ahora. Novelas, diarios personales, centenares de cartas, manuscritos sin publicar, la madre de la intrépida Sybylla Melvyn se había convertido en un referente de la literatura australiana. A sus 70 años, impartía conferencias sobre la literatura australiana.
Miles Franklin falleció el 19 de septiembre de 1954 y sus cenizas fueron esparcidas en un lugar cercano a Talbingo, donde había nacido. Tras su muerte se conoció la última voluntad de Miles, su patrimonio debía invertirse en la creación de un premio literario. El Miles Franklin Award sigue siendo el galardón más prestigioso de las letras australianas.
Durante años, los niños de Australia leyeron su brillante carrera en las escuelas. En 1979, una adaptación cinematográfica dirigida por Gillian Armstrong descubrió a dos actores australianos, Judy Davis y Sam Neil. En la actualidad, una moderna versión en formato de miniserie producida por Netflix y adaptada a los nuevos tiempos, ha convertido a Sybyla en toda una heroína.
Bibliografía
Miles Franklin: The Story of a Famous Australian, Marjorie Faith Barnard
Miles Franklin, Ray Mathew





