Lucrecia Borgia es una de las figuras más conocidas del Renacimiento. Y vilipendiadas. Hija del papa Alejandro VI, su vida estuvo marcada por la ilegitimidad de su nacimiento. Pero no fue la única. De todas las muchas hijas e hijos que los pontífices y religiosos tuvieron a lo largo de los siglos, existió otra mujer que hizo de su bastardía una oportunidad. Coetánea de Lucrecia, Felice della Rovere nació tres años después de que lo hiciera la hija del papa Borgia. Felice era hija del entonces cardenal Giuliano della Rovere y su amante Lucrezia Normanni, una dama noble que pertenecía a una prestigiosa familia romana. Giuliano casó a su amante con un hombre respetable que asumió el papel de padre de Felice aunque esta siempre supo de sus orígenes.
En 1503, Giuliano se convertía en papa con el nombre de Julio II y Felice asumía orgullosa su papel como hija del pontífice. Tras descartar a muchos candidatos, Felice aceptó casarse con Gian Giordano Orsini, un condotiero viudo y con tres hijos, veinte años mayor que ella, pero con gran poder e influencia. Instalada en su nuevo hogar cerca de Roma, en Bracciano, la nueva señora Orsini, tomó posesión de sus dominios. En ausencia de su marido, además de cuidar de sus cuatro hijos, asumió el control del castillo familiar y empezó a realizar negocios lucrativos a la vez que seguía con las relaciones políticas y diplomáticas que había iniciado en Roma, ciudad a la que acudía constantemente.
Felice della Rovere consiguió una libertad económica inusitada para una mujer casada. Con el dinero que su padre le regaló, unos nueve mil ducados, compró el castillo de los Orsini así como algunas de sus propiedades circundantes que gestionó de manera muy lucrativa, con la producción y el comercio de trigo. Roma se convirtió en su principal comprador y ella en una poderosísima mujer de negocios. Julio II, conocedor de la inteligencia de su propia hija, confió en ella para realizar gestiones diplomáticas con otros países llegando incluso a viajar a cortes europeas en nombre de su padre.
Como gran dama del Renacimiento, Felice della Rovere se convirtió en mecenas de las artes, siguiendo la estela de otras nobles italianas como Isabella d'Este. Reunió en su castillo un gran número de obras de arte y custodió una magnífica biblioteca llena de textos clásicos y magníficos manuscritos. Apoyó a pintores de la talla de Rafael, quien la inmortalizó en uno de los frescos de las salas del Vaticano. En la escena en la que el genio renacentista recreaba la escena del milagro de la Misa en Bolsena, realizó un retrato de Felice, recreando su rostro entre los participantes en la celebración eucarística.
En febrero de 1513 fallecía su padre, Julio II. Pero la muerte del pontífice no hizo desaparecer el poder que Felice había construido durante tantos años. No tardó en acercarse al nuevo papa, León X, quien había sido uno de los cardenales más fieles a su padre. León X sabía que no podía denostar el poder que la hija del difunto pontífice había forjado alrededor de su persona y no tardó en iniciar relaciones diplomáticas y comerciales con ella. Además, León X le otorgó un documento excepcional que concedía a la dama inmunidad ante cualquier litigio, acusación de delito u otro problema judicial. Documento que fue ratificado por el Senado de Roma.
Felice continuó gobernando en Bracciano como una auténtica reina de su pequeño pero poderoso dominio. En 1517 fallecía su marido. Antes de morir, Gian Giordano Orsini había testificado en favor de su esposa nombrándola gobernadora y regente de todas sus posesiones hasta que sus hijos alcanzaran la mayoría de edad. Solo ponía como única condición, que no volviera a contraer matrimonio. Cuando el condotiero exhaló su último aliento, sus hijos mayores sacaron a relucir su verdadero rostro. Durante años habían soportado que su padre se hubiera casado con una mujer que para ellos no era más que una bastarda de un pontífice muerto y no soportaron la idea de que Felice tomara las riendas de lo que ellos consideraban suyo. La viuda no tardó en reaccionar y consiguió una bula del papa León X en la que se ratificaba su posición de gobernadora de las tierras de su difunto marido. Desesperados e indignados, los hijos de Gian Giordano intentaron acusar a su madrastra de haber asesinado a su padre. Aunque la acusación hubiera sido cierta, Felice gozaba de la inmunidad otorgada por el papa años atrás.
Felice della Rovere continuó supervisando la lucrativa producción de grano, gobernando en las tierras de los Orsini y estableciendo relaciones diplomáticas con otros estados italianos. Como una auténtica reina, nombraba funcionarios de su gobierno y clérigos de sus parroquias además de impulsar obras urbanísticas.
Napoleón, uno de los hijos de Gian Giordano, no se quedó de brazos cruzados. Además de soportar la autoridad de su madrastra, se había visto relegado de la herencia paterna en favor de los hijos varones de Felice. Napoleón decidió tomar la fortaleza familiar de Vicovaro y secuestró a su hermanastro Girolamo. Aún a riesgo de que su hijo fuera asesinado, Felice mantuvo con pasmosa frialdad el pulso con Napoleón hasta que este tuvo que huir ante el ataque de las tropas enviadas por su madrastra.
Eliminada la amenaza de sus hijastros, Felice continuó con su vida como poderosa dama del Renacimiento. Entre sus últimas empresas se encuentra la recuperación de un magno proyecto iniciado por su padre. En vida de Julio II, Miguel Ángel había empezado a diseñar el que finalmente sería el imponente cenotafio que en la actualidad se encuentra en San Pietro in Vincoli, una de las iglesias promocionadas por la familia della Rovere. Tras un largo paréntesis de décadas, Felice convenció al artista para que reemprendiera la obra. Miguel Ángel culminó el conjunto escultórico con dos figuras femeninas, Lea y Raquel, situadas a ambos lados del Moisés. Miguel Ángel habría inmortalizado el rostro de Felice en la figura de Raquel.
Cuando Girolamo alcanzó la edad suficiente para asumir el gobierno, y después de asesinar con sus propias manos a su hermanastro Napoleón, Felice le cedió las riendas del poder. La señora de Orsini se retiró de la vida pública y se centró en su pasión por la lectura. En 1535 dejaba por escrito que deseaba descansar eternamente en Santa María del Poppolo, lugar en el que fue enterrada un año después, tras su muerte en septiembre de 1536.
Bibliografía
The Pope's Daughter, Caroline Murphy

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