La hermosa y piadosa reina de Francia, Isabel de Austria (1554-1592)

 La Casa de Austria, desde la unión con la dinastía Trastámara, en el matrimonio entre Felipe de Habsburgo y Juana I de Castilla, se convirtió en una de las más poderosas de la Europa Moderna. Sus miembros fueron uniéndose a otras grandes monarquías, como los Tudor o los Valois. Una de ellas, Isabel, fue conocida en su tiempo como una de las mujeres más hermosas, cultas y piadosas, 

Isabel de Austria nacía en Viena el 5 de julio de 1554. Isabel era hija del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Maximiliano II y de María de Austria. Esta era hija de Carlos V e Isabel de Portugal y por tanto, hermana de Felipe II y Juana de Austria. La princesa, quinta de los 15 hijos que tuvo María, recibió su nombre en honor a su abuela materna. Su infancia transcurrió feliz en el corazón de Viena, en el palacio de Hofburg donde aprendió a ser una princesa obediente, culta y piadosa. 

Como hija de la todopoderosa familia imperial, pronto se buscó para ella un marido acorde a su rango y que fuera útil para el entramado diplomático de los Habsburgo. El elegido fue el delfín de Francia. Catalina de Médicis, madre de Carlos, había elegido a Ana, hermana mayor de Isabel, pero a esta le esperaba otro trono, el de España, como cuarta esposa de Felipe II. 

Isabel hablaba varios idiomas, alemán, español, latín e italiano, pero nadie pensó que el francés le sería útil por lo que tuvo que aprenderlo de mayor y siempre lo habló con dificultad. El 22 de octubre de 1570 se casaba por poderes en la catedral de Espira donde su tío, el archiduque Fernando de Austria representó al ya rey de Francia Carlos IX. Unas semanas después, la princesa dejó atrás su hogar y emprendió un viaje que tuvo varios contratiempos provocados por el mal tiempo. Resguardados en la fortaleza de Sedán, el rey francés se acercó hasta allí de incógnito para observar por fin a su esposa de la que, según contaron los testigos, quedó prendado. La pareja se casó el 26 de noviembre de 1570, pero no fue hasta la primavera que París se vistió de gala organizando espléndidos festejos para celebrar la boda real. El 25 de marzo de 1571, Isabel de Austria se convertía en reina de Francia en una ceremonia en la Basílica de Saint-Denis. 

Isabel vivió en soledad en la espléndida corte de París donde sufrió la presencia de la amante de su marido y la escasa piedad de los nobles.

Isabel no tardó en descubrir que su marido ya tenía una amante, Marie Touchet, a la que no abandonaría después de casarse y con la que tendría un hijo bastardo. Además de la presencia de la cortesana, Isabel no tardó en darse cuenta de que no encajaba en una corte dada a las fiestas, tan distinta de la sobriedad católica de la corte vienesa. Tampoco Catalina, la reina madre, se lo puso fácil, impidiendo en todo momento que se inmiscuyera en cuestiones de estado. Así que Isabel vivió en soledad, rodeada del lujo parisino, refugiándose en la oración y las obras de caridad. 

A pesar de su profunda fe católica, la reina Isabel quedó profundamente consternada tras la matanza del día de San Bartolomé que aniquiló a miles de protestantes el 24 de agosto de 1572. Dos meses después daba a luz a María Isabel, su única hija. Para entonces, el rey ya estaba enfermo y hasta su muerte, en mayo de 1574, su esposa lo cuido y rezó por él. Convertida en "La Reina Blanca" (el color del luto en Francia era entonces el blanco), su padre reclamó su presencia en Viena tras negarse a contraer matrimonio con su cuñado y nuevo soberano de Francia, Enrique III, quien tampoco estaba dispuesto a tomar a la esposa de su difunto marido como mujer. Isabel se despidió de su hija de tres años y a finales de diciembre de 1575 abandonaba Francia para siempre. 

Los siguientes años fueron tristes para la Reina Blanca. En 1576 fallecía su padre y dos años después conocía la trágica y prematura muerte de su hija. En 1580 llegó a Viena la noticia del fallecimiento de su hermana Ana y con ella, la propuesta de matrimonio de Felipe II, que rechazó. En 1582 se despedía de su madre y su hermana Margarita que emprendieron viaje a España donde vivirían hasta su muerte en el Convento de las Descalzas Reales. 

Isabel siguió viviendo en su residencia de Stallburg, dentro del amplio complejo palaciego del Hofburg y fundó el Convento de las Clarisas María, Reina de los Ángeles, que se conoció popularmente como el Monasterio de la Reina. Allí continuó con su vida piadosa, adquirió varias reliquias y ayudó a nobles empobrecidas. 

Al parecer, llegó a escribir varios libros devocionales e históricos. Dos de ellos los habría enviado a su cuñada, Margarita de Navarra, con la que mantuvo durante años correspondencia. El 22 de enero de 1592 dejaba este mundo. Su cuerpo fue enterrado de manera sencilla en la iglesia del convento que ella misma había fundado. La reina viuda de Francia donó su dinero a los pobres. Cuando en 1782 el convento se convirtió en templo luterano, el emperador José II mandó trasladar sus restos a la cripta de la catedral de San Esteban.