El Siglo de Oro de las letras castellanas fue también una época gloriosa para aquellos actores y actrices que llevaron a los escenarios algunas de las obras de teatro más representadas de la historia. Fueron muchos los nombres propios de actrices que pasaron a la historia por su talento sobre las tablas. Una de ellas vivió intensamente la fama. Hasta que se hartó y lo dejó todo para vivir alejada de todo y de todos.
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| Rita Luna. Goya |
Rita Vidal Alfonso García nació el 28 de abril de 1770 en Málaga en el seno de una familia de artistas. Sus padres, Magdalena García y Joaquín Alfonso Luna eran cómicos aragoneses que tenían una vida itinerante. La pequeña Rita aprendió a amar el escenario desde pequeña y a los 19 años hizo su debut en un teatro de Madrid. Desde entonces, su talento no pasó desapercibido y tras protagonizar obras como Casa con dos puertas mala es de guardar de Calderón de la Barca, recibió una oferta para trabajar con la compañía de los Reales Sitios.
Poco después asumía el papel de segunda dama en el Corral del Príncipe donde se vivió un duelo de talento con María del Rosario Fernández, primera dama de los teatros de la Corte y conocida popularmente como "La Tirana".
Rita Luna disfrutó de un gran éxito en los teatros madrileños, a pesar de las tensiones surgidas entre ambas actrices, lo que le llevó a poner distancia con La Tirana y trasladarse al Coliseo de la Cruz donde se consagró como actriz teatral y actuó durante más de una década.
Entre sus muchos admiradores, el gran pintor Goya, realizó varios retratos de Rita. Uno de ellos, en el que habría escrito el famoso refrán, "Los perros ladran a la Luna porque no la pueden morder", se perdió.
Durante su etapa como actriz de teatro, Rita interpretó las grandes obras del Siglo de Oro, entre ellas, La dama boba y el Perro del hortelano de Lope de Vega o La villana de Vallecas de Tirso de Molina.
En 1806, en la cumbre de su éxito, al parecer cansada de la soledad de una vida como artista y aferrándose a una religiosidad extrema, Rita Luna abandonó los escenarios. El cuadro de Goya con el refrán perruno habría sido uno de los objetos que la actriz habría destruido en su afán por terminar definitivamente con aquella faceta de su vida.
La guerra contra el francés obligó a Rita a huir de Madrid y durante un tiempo fue viajando de un lado a otro hasta que regresó a su casa de El Pardo donde vivió alejada del mundo, volcada en su fe y realizando obras de caridad. Falleció el 24 de febrero de 1832.

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