martes, 9 de junio de 2015

La mística feminista, Teresa de Cartagena (1425-¿?)

En la Europa medieval se inició la llamada “querella de las mujeres” de la mano de la escritora y feminista Cristina de Pizán. Un tímido paso que no daría sus frutos hasta muchos siglos después pero que sentó las bases del movimiento en defensa de las mujeres. En España, poco tiempo después de que Cristina escribiera su famosa Ciudad de las damas, Teresa de Cartagena escribió en la misma línea de defensa de la intelectualidad de las mujeres. Son dos las obras que se conocen de esta religiosa de origen converso. Una, en la que se lamenta de su sordera, fue de tal nivel místico e intelectual que los hombres eruditos de su tiempo dudaron abiertamente de que una mujer, además sorda, fuera capaz de escribir con tanta clarividencia y erudición. Su segunda obra fue fruto de la necesidad de Teresa de defender su capacidad intelectual y la de todas las mujeres.

Teresa de Cartagena y Saravia nació en Burgos en 1425. Su padre, Pedro de Cartagena era hijo de un rabino burgalés que se había convertido al cristianismo y llegó a ser obispo de Cartagena, de ahí el apellido que tomaron sus descendientes. Su madre se llamaba María de Saravia. Teresa pasó su infancia en el palacio familiar de Burgos hasta que quedó huérfana con quince años. Poco tiempo después se trasladó a Salamanca donde estudió lo que pudo, lo que se le permitía a las mujeres en un ambiente universitario reservado exclusivamente a los hombres. 

Tenía veinte años cuando ingresó en el convento de Santa Clara en su ciudad natal pero en 1449 se trasladó al convento cisterciense de Las Huelgas, también en Burgos, donde parece ser que se aceptaba mejor su ascendencia conversa. Fue en Las Huelgas donde contrajo una enfermedad que la dejó sorda. 

Después de veinte años de convivir con su soledad, Teresa de Cartagena escribía La Arboleda de los Enfermos, una obra mística en la que expuso la angustia vivida por tantos años de reclusión e incomunicación causada por su terrible incapacidad. Teresa destacaba los beneficios espirituales que, en contrapartida, había recibido al haber tenido que experimentar todo el sufrimiento vivido. La Arboleda de los Enfermos era una obra de tal calidad literaria que los hombres de su tiempo no creyeron que hubiera sido una mujer, y además discapacitada (las taras físicas se consideraban signos demoníacos) la que lo hubiera escrito. Ante las dudas hechas públicas, Teresa, lejos de amedrentarse, decidió escribir un alegato en defensa de la capacidad intelectual de las mujeres. 

Su Admiración de las Obras de Dios se convirtió en el primer texto escrito por una mujer en la Península Ibérica en favor de los derechos de las mujeres. Teresa utiliza el mismo argumento que Hildegarda de Bingen cuando nos dice que sus palabras escritas son inspiradas por Dios. También se inspiró en Cristina de Pizán cuando, tal y como ésta había hecho en su Ciudad de las damas, Teresa utilizó ejemplos de mujeres que habían sido destacadas en su tiempo. En el caso de la mística española, utilizó mayoritariamente ejemplos bíblicos. A lo largo del texto, Teresa de Cartagena defendió que las mujeres podían llegar a tener las mismas capacidades intelectuales que los hombres, que no era inconcebible que Dios hubiera dado a las mujeres el mismo entendimiento que a los hombres. Todo un alegato feminista en pleno siglo XV.

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