martes, 27 de mayo de 2014

La poetisa victoriana, Elizabeth Barrett Browning (1806-1861)

La era victoriana fue un tiempo de esplendor para la cultura inglesa, una época en la que surgieron grandes artistas de muchas y diversas disciplinas. La literatura fue una de las más favorecidas en aquel tiempo. Fueron muchos los escritores famosos de aquellos tiempos. Hoy recordamos a la que está considerada como la mejor poetisa inglesa, Elizabeth Barrett. Con un cuerpo débil pero una mente extraordinaria, Elizabeth empezó a leer a los clásicos a muy temprana edad y pronto sintió la necesidad de expresarse a través de la pluma. Su obra poética está considerada como una de las más importantes de la literatura inglesa del diecinueve.

Elizabeth Barrett Moulton-Barrett nació el 6 de marzo de 1806 en la localidad inglesa de Durham. Su padre, Edward Moulton-Barrett, era dueño de una plantación y su madre, Mary Graham-Clarke, descendía del rey Eduardo III.

¿Cuál es la mejor cosa del mundo?
Las rosas de junio perladas por el rocío de mayo;
El dulce viento del sur diciendo que no lloverá;
La Verdad, con los amigos despojada de crueldad;
La Belleza, no envanecida hasta agotar su orgullo;
El Amor, cuando somos amados de nuevo.
¿Cuál es la mejor cosa del mundo?Algo fuera de él, pienso.

Como la gran mayoría de niñas de su tiempo, Elizabeth, la mayor de doce hermanos, fue educada en casa, con la ayuda de su hermano y un vecino suyo que la introdujo en el mundo de los autores griegos. Era muy joven cuando había leído autores de la talla de Shakespeare o Dante. Con veinte años, Elizabeth ya había publicado de manera anónima su primera obra, Ensayo sobre la mente y otros poemas.

Años después la familia dejó su hogar en Durham por razones económicas y se trasladó a vivir primero a Sidmouth y después a Londres. En aquel tiempo, Elizabeth continuó escribiendo y colaborando en varias revistas literarias. El éxito como escritora se vio alterado por una recaída severa de una enfermedad desconocida que ya había sufrido en su infancia y que la había impedido. Aunque se recuperó, su salud siempre fue muy débil.

En 1845 Elizabeth conoció al que se convertiría en su marido, Robert Browning, a quien no le importó ni la fragilidad física de ella ni la clara oposición de su padre a la relación de ambos. Elizabeth y Robert protagonizaron una romántica historia de amor con fuga incluida. Después de casarse en secreto, se trasladaron a vivir a Florencia, donde establecieron su residencia en la Casa Guidi, en la Piazza San Felice, donde actualmente se encuentra un museo en su memoria.

Oh, amor mío, amor mío, cuando pienso
que existías ya entonces, hace un año,
cuando yo estaba sola aquí en la nieve
y no vi tus pisadas ni escuché
tu voz en el silencio... Mi cadena,
eslabón a eslabón, iba midiendo
como si no pudiese verme libre
por tu posible mano... ¡Hasta beber
la prodigiosa copa de la vida!
¡Qué extraño no sentirte en el temblor
del día o de la noche, voz, presencia,
ni adivinarte en esas flores blancas!
Yo era ciega lo mismo que el ateoque no descubre a Dios al que no ve.

El matrimonio Browning se adaptó sin problemas a la vida social y cultural florentina y Elizabeth escribió algunas de sus obras más famosas, entre ellas, Las ventanas de la casa Guidi, en defensa de los ideales del risorgimento italiano y Sonetos del portugués, su propia historia de amor escondida en una serie de poemas amorosos. Mientras escribía esta obra, Elizabeth dio a luz al que sería su único hijo, Robert. 

Aurora Leigh fue también una de sus historias más conocidas, en la que recreó la vida de la periodista Margaret Fuller, quien había muerto ahogada en un barco cuando volvía de regreso a los Estados Unidos.

Elizabeth Browning continuó escribiendo hasta el fin de sus días, pocos meses antes de morir, en 1860 se publicó una edición completa de su obra poética. Pero poco a poco su delicada salud fue deteriorándose hasta que falleció el 29 de junio de 1861. Los restos de Elizabeth Browning descansan en el cementerio protestante de Florencia.

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