jueves, 29 de diciembre de 2016

Los ojos de la guerra, Kati Horna (1912-2000)

Cuando estalló la Guerra Civil Española, fueron muchos los hombres y mujeres que atravesaron los Pirineos o llegaron de lugares remotos del planeta para luchar por unos ideales. Algunos se dejaron la vida por un sueño. Otros volvieron a casa con recuerdos de un conflicto sangriento. Y unos pocos lo inmortalizaron para mayor vergüenza de todos. Entre ellos, una mujer húngara que captó con su cámara una visión muy humana del conflicto. Kati Horna no estuvo en el campo de batalla, su objetivo fueron las mujeres y los niños que sufrieron la miseria, el hambre, la muerte en la retaguardia. Kati no buscó la fama, sólo quiso captar aquellos momentos duros. Ahora, muchos años después, su obra escondida empieza a ser redescubierta. 

Kati Deutsch nació el 19 de mayo de 1912 en el seno de una familia judía de Budapest. La menor de las tres hijas de un banquero y su esposa, Kati podía haber tenido una vida regalada. Pero su espíritu artístico y sus ideales sociales la impulsarían lejos de su patria. En 1931, con diecinueve años, se marchó a Berlín para estudiar fotografía. Fue en la capital alemana donde Kati entró en contacto con la escuela de la Bauhaus y con el poeta alemán Bertold Brecht. Sus primeros trabajos como fotógrafa los realizaría en la agencia alemana Dephot. 

La escalada del nazismo obligó a Kati a volver a Budapest donde los judíos estaban empezando a ser controlados y detenidos, como fue el caso de su padre. Por aquel entonces, su madre la ayudó en su carrera pagándole un curso con el fotógrafo Jósef Pécsi. En 1933 se trasladó a vivir a París donde trabajó durante un tiempo retocando fotografías de moda y trabajando para la agencia Agence Photo. En la capital francesa conoció a Robert Capa con quien mantuvo una relación de pareja. 



Cuando en 1936 estalló la Guerra Civil española, Kati se trasladó con Capa a Barcelona donde la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) la había requerido para que fotografiara vida de los pueblos colectivizados de Aragón. Además de la labor encomendada por la CNT, Kati trabajó en distintas publicaciones anarquistas, entre ellas Tierra y Libertad o Mujeres Libres. En la redacción de la revista Umbral conoció al pintor José Horna, con el que se casaría y compartiría su vida. 

Kati Horna no fotografió el frente, sino que fijó su mirada en la población civil que permanecía en la retaguardia sufriendo la miseria, el hambre y el miedo de la guerra. Su cámara Rolleiflex fue testigo de la tristeza de las mujeres que lloraban por sus maridos, hermanos e hijos mientras debían seguir manteniendo a su prole con vida. Imágenes auténticas, reales, del sufrimiento anónimo de miles y miles de personas. 



José y Kati Horna huyeron a París en los últimos momentos de la guerra y continuó ganándose la vida con su trabajo fotográfico. Pero la amenaza del nazismo sobre Francia obligó a la pareja a volver a huir, esta vez a México, a donde llegaron en el otoño de 1939. Allí nacería diez años después la única hija del matrimonio, Norah.

La colonia Roma se convirtió en el nuevo hogar de los Horna, donde la pareja estableció lazos de amistad con aristas e intelectuales como Walter Gruen, Remedios Varo, Chiki Weisz o su esposa Leonora Carrington. Con las dos pintoras surrealistas, Varo y Carrington, Kati Horna colaboró en varias ocasiones realizando fotografías surrealistas. 

La vida de Kati Horna en el exilio mexicano se centró en su labor como fotógrafa y profesora de fotografía en distintas universidades y escuelas de arte. Hasta su muerte el 19 de octubre del año 2000.

Kati Horna nunca buscó hacerse famosa, por lo que no fue amante de las exposiciones. Parte de su legado fotográfico fue vendido por la propia artista al Ministerio de Cultura de España y donado al Centro Nacional de Difusión e Investigación de las Artes Plásticas de México. Su hija fue rescatando del olvido los miles de negativos que su madre realizó a los largo de su vida y cada vez son más las retrospectivas y exposiciones que se organizan para homenajearla. 

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