viernes, 10 de julio de 2015

El ángel de los neonatos, Virginia Apgar (1909-1974)

Mujer incansable, luchadora, estudiosa, amante de la música y apasionada de la jardinería, Virginia Apgar sorprendía a todos sus colegas con su gran capacidad de estudio y de trabajo. Anestesióloga, pediatra y profesora en Columbia, dedicó su vida al estudio de los efectos de la anestesia en mujeres embarazadas y las razones de las muertes prematuras de los bebés. Pero lo que la hizo mundialmente famosa fue un test que lleva su nombre y que a día de hoy continúa aplicándose en los protocolos de partos en todo el mundo. El test de Apgar ha salvado millones de vidas y prevenido enfermedades desde su primera aplicación a mediados del siglo XX. Luchadora incansable, Virginia sufrió en propia piel la discriminación de sexos en el campo de la ciencia y la medicina pero nunca se alineó con ninguna formación feminista. Su manera de cambiar el mundo era una sola: continuar trabajando.

Virginia Apgar nació el 7 de junio de 1909 en Westfield, New Jersey. Era la pequeña de los tres hijos de Charles E. Apgar, trabajador en el mundo de los seguros, y su esposa Helen May Apgar. Desde sus primeros años en la escuela, Virginia demostró ser una buena estudiante y pronto descubrió su pasión por la ciencia y la medicina. Después de graduarse en el Westfield High School en 1925, empezó a estudiar en el Mount Holyoke College donde se especializó en zoología mientras hacía trabajos esporádicos para poder pagarse sus estudios. Virginia también practicaba distintos deportes, colaboraba en el periódico de la escuela, participaba en obras de teatro y tocaba el violín. Todo lo hacía con gran implicación y sin que el alto nivel académico de sus estudios se viera alterado en absoluto.
En 1929 terminaba sus estudios en Mount Holyoke con notas excelentes y al poco tiempo empezó a estudiar medicina en la universidad de Columbia. Virginia compartía aula con otras ocho mujeres, quienes debían hacerse un sitio entre los noventa alumnos. 

Después de licenciarse empezó un período de prácticas de cirugía en la Hospital Presbiteriano de Nueva York. Sin embargo, y a pesar de sus grandes capacidades como profesional, su mentor Allen Whipple le aconsejó que se dedicara a una especialidad en la que la situación de la mujer no fuera tan precaria como en el mundo de la cirugía. Así, Virginia siguió el consejo de Allen e inició estudios de anestesiología. En 1938, después de años de estudio y prácticas, Virginia Apgar se graduaba y volvía al Hospital Presbiteriano convertida en la directora de una nueva división de anestesia, convirtiéndose en la primera mujer en dirigir un equipo de semejante importancia. Durante los once años que se mantuvo al frente de la división, se dedicó en cuerpo y alma a formar a los estudiantes y a convertir la división de anestesiología en un servicio profesionalizado convertido en Departamento. 

El siguiente paso en su carrera fue convertirse en la primera mujer en entrar como profesora de anestesia en Columbia mientras dedicaba parte de su tiempo a la investigación en el campo de la anestesia obstétrica. Virginia se centró en estudiar los efectos de la anestesia en parturientas y en detectar las razones de las muertes prematuras de neonatos. Sus análisis se convirtieron en 1952 en el que se conocería y aplicaría en todo el mundo como Test de Apgar. Virginia evaluaba cinco aspectos de los recién nacidos, frecuencia cardiaca, esfuerzo en la respiración, reflejos, tono y color muscular. Este test que hacía al minuto de nacer y cinco minutos después. 



Con esta evaluación temprana, Virginia pretendía detectar posibles deformaciones y enfermedades en los neonatos. Durante casi diez años analizó y clasificó miles de partos en los que estuvo presente para acotar su test. 

En 1958 Virginia se tomó un breve descanso en su carrera profesional pero pronto volvió a estudiar, esta vez un Máster relacionado con el programa de Salud Pública. Un año después aceptaba el cargo que la Fundación Nacional March of Dimes le ofreció como directora de una nueva división de malformaciones congénitas. Su nuevo cargo la llevó a viajar por todo el país dando a conocer sus estudios y sus análisis con el fin de disminuir al máximo las muertes de neonatos. 



Con una energía inagotable y un sentido del deber incuestionable, Virginia Apgar no se retiró nunca. Continuó trabajando hasta pocos tiempo antes de su muerte, el 7 de agosto de 1974.

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